LUNES 5

Conviértanse, porque ya está cerca el Reino de los cielos (v. 17)

Lectura del santo evangelio según san Mateo (4, 12-17. 23-25)

Al enterarse Jesús de que Juan había sido arrestado, se retiró a Galilea, y dejando el pueblo de Nazaret, se fue a vivir a Cafarnaúm, junto al lago, en territorio de Zabulón y Neftalí, para que así se cumpliera lo que había anunciado el profeta Isaías:

Tierra de Zabulón y Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los paganos; el pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz. Sobre los que vivían en tierra de sombras una luz resplandeció.

Desde entonces comenzó Jesús a predicar, diciendo: “Conviértanse, porque ya está cerca el Reino de los cielos”. Y andaba por toda Galilea, enseñando en las sinagogas y proclamando la buena nueva del Reino de Dios y curando a la gente de toda enfermedad y dolencia.

Su fama se extendió por toda Siria y le llevaban a todos los aquejados por diversas enfermedades y dolencias, a los poseídos, epilépticos y paralíticos, y él los curaba. Lo seguían grandes muchedumbres venidas de Galilea, Decápolis, Jerusalén, Judea y Transjordania.

Palabra del Señor.

Los relatos de navidad nos cuentan cómo Jesús vino al mundo en medio de adversidades y problemas, y no como un hecho aislado o circunstancial, sino como una constante en su vida: nació fuera de la ciudad, entre los marginados; sus primeros días estuvieron marcados por una historia de marginación, como migrante que huye y advenedizo en tierras extranjeras…

Hoy Mateo nos habla de ese mismo Jesús que, consciente de su misión, comienza a predicar en tierra de paganos, entre aquellos que eran segregados y vistos con desprecio. Sus acciones, más que seguir una línea dogmática y apegada a las normas de pureza, se centraron en recuperar la dignidad y la valía de otros marginados, enfermos, poseídos, epilépticos, paralíticos, a quienes, curando, reintegraba a la vida ordinaria del pueblo y de la familia.

Mateo nos recuerda lo que la navidad nos enseña, que Jesús es luz del mundo y de la humanidad:

Tierra de Zabulón y Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los paganos; el pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz. Sobre los que vivían en tierra de sombras una luz resplandeció. (vv. 15-16).

El contraste -dice el Papa León XIV- entre las tinieblas y la luz, en efecto, no es sólo una imagen bíblica para describir el parto del que está naciendo un mundo nuevo; es una experiencia que nos atraviesa y nos sorprende según las pruebas que encontramos, en las circunstancias históricas en las que nos toca vivir. Ahora bien, ver la luz y creer en ella es necesario para no hundirse en la oscuridad. Se trata de una exigencia que los discípulos de Jesús están llamados a vivir de modo único y privilegiado, pero que, por muchos caminos, sabe abrirse paso en el corazón de cada ser humano. La paz existe, quiere habitar en nosotros, tiene el suave poder de iluminar y ensanchar la inteligencia, resiste a la violencia y la vence. La paz tiene el aliento de lo eterno; mientras al mal se le grita «basta», a la paz se le susurra «para siempre» […] (Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2026)

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.