LUNES 4

Se llenaron de ira, y levantándose, lo sacaron de la ciudad(v. 29)

Lectura del santo evangelio según san Lucas  (4, 24-30)

En aquel tiempo, Jesús llegó a Nazaret, entró a la sinagoga y dijo al pueblo: «Yo les aseguro que nadie es profeta en su tierra. Había ciertamente en Israel muchas viudas en los tiempos de Elías, cuando faltó la lluvia durante tres años y medio, y hubo un hambre terrible en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una viuda que vivía en Sarepta, ciudad de Sidón. Había muchos leprosos en Israel, en tiempos del profeta Eliseo; sin embargo, ninguno de ellos fue curado, sino Naamán, que era de Siria».

Al oír esto, todos los que estaban en la sinagoga se llenaron de ira, y levantándose, lo sacaron de la ciudad y lo llevaron hasta una saliente del monte, sobre el que estaba construida la ciudad, para despeñarlo. Pero él, pasando por en medio de ellos, se alejó de allí.

Palabra del Señor.

La palabra del Señor ha sido dirigida a todos, sin excepción; su mensaje de misericordia y salvación ha sido abierto a mujeres y hombres para que lo acojan y de él reciban salud, alegría, esperanza y un porvenir promisorio en medio de la adversidad.

No obstante, no todos son dignos de él, porque no todos se disponen a aceptarlo; hacen caso omiso a la palabra de los profetas, la rechazan y la desconocen.

Tal vez, a nosotros hoy, esa misma palabra nos incomode, porque es radical y nos interpela, de tal manera que, dejándonos llevar por la ira y el disgusto, el egoísmo y la indiferencia, la sacamos de nuestras vidas e intentamos despeñarla en el olvido, para no escucharla (cf. v. 29).

Así, el Señor pasará en medio de nosotros y se alejará… (v. 30)

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.