LUNES 27

Blasfemar contra el Espíritu Santo y rechazarlo (v. 29)

Lectura del santo evangelio según san Marcos (3, 22-30)

En aquel tiempo, los escribas que habían venido de Jerusalén, decían acerca de Jesús: “Este hombre está poseído por Satanás, príncipe de los demonios, y por eso los echa fuera”.

Jesús llamó entonces a los escribas y les dijo en parábolas: “¿Cómo puede Satanás expulsar a Satanás? Porque si un reino está dividido en bandos opuestos no puede subsistir. Una familia dividida tampoco puede subsistir. De la misma manera, si Satanás se rebela contra sí mismo y se divide, no podrá subsistir, pues ha llegado su fin. Nadie puede entrar en la casa de un hombre fuerte y llevarse sus cosas, si primero no lo ata. Sólo así podrá saquear la casa.

Yo les aseguro que a los hombres se les perdonarán todos sus pecados y todas sus blasfemias. Pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo nunca tendrá perdón; será reo de un pecado eterno”. Jesús dijo esto, porque lo acusaban de estar poseído por un espíritu inmundo.

Palabra del Señor.

Blasfemar contra el Espíritu (cf. v. 29) es actuar en contra de nosotros mismos: desoír su voz que grita desde nuestro interior, resistirnos a su fuerza transformadora; desconocer sus dones y despreciar sus carismas, o, simplemente, vivir según la carne… (Rm 8,13).

Un reino dividido, una familia dividida, o un hombre dividido en sí mismo no pueden subsistir (v. 24) e impide que los demás vivan en paz.

Ni Jesús, ni sus seguidores están poseídos por satanás (cf. v. 22), no dividen ni destruyen; animados por la fuerza del Espíritu transforman, reaniman, unen, construyen el Reino entre los hombres.

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.