LUNES 23

Nadie enciende una vela y la tapa… (v. 18)

Lectura del santo evangelio según san Lucas (8,16-18)

En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud: «Nadie enciende una vela y la tapa con alguna vasija o la esconde debajo de la cama, sino que la pone en un candelero, para que los que entren puedan ver la luz. Porque nada hay oculto que no llegue a descubrirse, nada secreto que no llegue a saberse o a hacerse público.

Fíjense, pues, si están entendiendo bien, porque al que tiene se le dará más; pero al que no tiene se le quitará aun aquello que cree tener».

Palabra de Señor.

Las enseñanzas de Jesús se nutren con la lógica de la vida y lo cotidiano; lo aparentemente sencillo y ordinario en él cobran una fuerza que instruye e interpela: Nadie enciende una vela para luego ocultar su luz, sino para iluminar el entorno y permitir que otros vean (cf. v. 16).

En cada uno de nosotros hay una luz encendida: la luz de la fe que se alimenta de la Palabra. El problema es que, a veces, nos afanamos en apagarla, ya sea opacando la luz de los otros, porque nos incomoda su luminosidad, o extinguiendo la luz propia en la negación, el desinterés, la desidia y la falta de compromiso.

La lógica es muy simple, pero radical: Si hay una luz encendida es para iluminar a quienes viven en la oscuridad. La luz que demos crecerá aún más, pero si la ocultamos, poco a poco se extinguirá (cf. v. 18).

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.