LUNES 21

Bienes acumulados para muchos años; descansa, come, bebe y date a la buena vida… (v. 19)

Lectura del santo evangelio según san Lucas (12, 13-21)

En aquel tiempo, hallándose Jesús en medio de una multitud, un hombre le dijo: “Maestro, dile a mi hermano que comparta conmigo la herencia”. Pero Jesús le contestó: “Amigo, ¿quién me ha puesto como juez en la distribución de herencias?”.

Y dirigiéndose a la multitud, dijo: “Eviten toda clase de avaricia, porque la vida del hombre no depende de la abundancia de los bienes que posea”.

Después les propuso esta parábola: “Un hombre rico tuvo una gran cosecha y se puso a pensar: ‘¿Qué haré, porque no tengo ya en dónde almacenar la cosecha? Ya sé lo que voy a hacer: derribaré mis graneros y construiré otros más grandes para guardar ahí mi cosecha y todo lo que tengo. Entonces podré decirme: Ya tienes bienes acumulados para muchos años; descansa, come, bebe y date a la buena vida’. Pero Dios le dijo: ‘¡Insensato! Esta misma noche vas a morir. ¿Para quién serán todos tus bienes?’ Lo mismo le pasa al que amontona riquezas para sí mismo y no se hace rico de lo que vale ante Dios”.

Palabra del Señor.

La escritora española Ma. Dolores Oller dice que las sociedades modernas son sociedades huérfanas de interioridad.

Todos poseemos almacenes, grandes o pequeños, repletos de cosas que a veces utilizamos y a veces no; cosas útilies, las menos, y la gran mayoría son cosas inútiles. Del modo que sea, nos hemos dejado llevar por la inercia, la fuerza y la seducción del consumismo.

O, tal vez, nuestra bodega interior está llena de odio, de mentiras, de maldad, de dudas y desconfianza; de inmoralidad y desprecio, y hemos dejado fuera lo más valioso.

Nuestros graneros están llenos y, al parecer, nos hacen falta unos más grandes…, pero la interioridad, allí donde se encuentra la verdadera riqueza de cada uno, está vacía, descuidada y olvidada.

Preguntémonos si somos como los insensatos, que se hacen ricos de lo que no vale ante Dios (cf. v. 21).

La vida del hombre no depende de la abundancia de los bienes que posee (v. 15).

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.