LUNES 20

¡Señor, que vea! (v. 41)

Lectura del santo evangelio según san Lucas (18, 35-43)

En aquel tiempo, cuando Jesús se acercaba a Jericó, un ciego estaba sentado a un lado del camino, pidiendo limosna. Al oír que pasaba gente, preguntó qué era aquello, y le explicaron que era Jesús el nazareno, que iba de camino. Entonces él comenzó a gritar: «¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mí!» Los que iban adelante lo regañaban para que se callara, pero él se puso a gritar más fuerte: «¡Hijo de David, ten compasión de mí!»

Entonces Jesús se detuvo y mandó que se lo trajeran. Cuando estuvo cerca, le preguntó: «¿Qué quieres que haga por ti?» Él le contestó: «Señor, que vea». Jesús le dijo: «Recobra la vista; tu fe te ha curado».

Enseguida el ciego recobró la vista y lo siguió, bendiciendo a Dios. Y todo el pueblo, al ver esto, alababa a Dios.

Palabra del Señor.

En cuántos momentos de oscuridad y duda habremos gritado al Señor: ¡Ten compasión de mí! (v. 38).

Nuestras cegueras, no siempre físicas, nos impiden ver con claridad la realidad, las necesidades del hermano, nuestra propia miseria y la presencia de Dios ante nosotros. Si no vemos, equivocaremos el camino hacia la verdad y la plenitud.

Seguiremos insistiendo para que se compadezca de nosotros y él, sin duda nos preguntará: ¿Qué quieres que haga por ti? (v. 41)

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.