LUNES 2

Una sola palabra bastará (cf. v. 8)

Lectura del santo evangelio según san Mateo (8, 5-11)

En aquel tiempo, al entrar Jesús en Cafarnaúm, se le acercó un oficial romano y le dijo: «Señor, tengo en mi casa un criado que está en cama, paralítico, y sufre mucho». Él le contestó: «Voy a curarlo».

Pero el oficial le replicó: «Señor, yo no soy digno de que entres en mi casa; con que digas una sola palabra, mi criado quedará sano. Porque yo también vivo bajo disciplina y tengo soldados a mis órdenes; cuando le digo a uno: ‘¡Ve!’, él va; al otro: ‘¡Ven!’, y viene; a mi criado: ‘¡Haz esto!’, y lo hace».

Al oír aquellas palabras, se admiró Jesús y dijo a los que lo seguían: «Yo les aseguro que en ningún israelita he hallado una fe tan grande. Les aseguro que muchos vendrán de oriente y de occidente y se sentarán con Abraham, Isaac y Jacob en el Reino de los cielos».

Palabra del Señor.

Voy a sanarlo (v. 7)

Donde estemos, el Señor está; donde vayamos, el Señor va; cuando lo buscamos, él viene a nuestro encuentro. Nuestras súplicas son escuchadas y nuestras peticiones acogidas por su misericordia. Todo es posible si confiamos que sólo una palabra suya será suficiente para sanar nuestra vida y la de aquellos a quienes amamos (cf. v. 8).

La humildad y la franqueza son signos de una fe verdadera y profunda, a tal punto que el Señor pueda reconocer que, entre todos los hombres, nunca ha encontrado una fe tan grande (v. 10).

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.