LUNES 12

Dichosos los que trabajan por la paz,
porque se les llamará hijos de Dios
(v. 9)

Lectura del santo evangelio según san Mateo (5,1-12)

En aquel tiempo, cuando Jesús vio a la muchedumbre, subió al monte y se sentó. Entonces se le acercaron sus discípulos. Enseguida comenzó a enseñarles, habándoles así:

«Dichosos los pobres de espíritu,
porque de ellos es el Reino de los cielos.
Dichosos los que lloran,
porque serán consolados.
Dichosos los sufridos,
porque heredarán la tierra.
Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia,
porque serán saciados.
Dichosos los misericordiosos,
porque obtendrán misericordia.
Dichosos los limpios de corazón,
porque verán a Dios.
Dichosos los que trabajan por la paz,
porque se les llamará hijos de Dios.
Dichosos los perseguidos por causa de la justicia,
porque de ellos es el Reino de los cielos.

Dichosos serán ustedes cuando los injurien, los persigan y digan cosas falsas de ustedes por causa mía. Alégrense y salten de contento, porque su premio será grande en los cielos, puesto que de la misma manera persiguieron a los profetas que vivieron antes que ustedes».

Palabra del Señor.

¡Dichosos ustedes!

Cuando realmente conocemos a Dios y, en consecuencia, conocemos y comprendemos su voluntad, sabremos con claridad qué implica decirle sí, seguirlo y tomar parte en su proyecto.

Jesús, el Hijo, nos enseña y nos advierte que heredar el Reino no es cosa fácil y que alcanzar la dicha es el resultado de una vida que se ha enfrentado a una serie de retos y adversidades.

En este discurso dirigido a la muchedumbre, a los discípulos y a nosotros, Jesús explica con toda sencillez -dice el Papa Francisco- qué es ser santo… Las bienaventuranzas son como el carnet de identidad del cristiano. (GE 63).

Alégrense y salten de contento, porque su premio serán grande en los cielos (v. 12)

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.