LOS OJOS SÓLO EN ÉL

DICIEMBRE 14/2023

SAN JUAN DE LA CRUZ

En él lo tengo todo dicho y revelado (2S 22,5)

Los ojos sólo en él

Cuando la fe es débil y los fundamentos que la sostienen inciertos, nos asaltan las dudas, la confusión y el desconcierto. Creemos en tantas cosas y damos oído a tantas voces que, poco a poco, vamos perdiendo el hilo que nos conduce al evangelio, allí donde palpita la única Palabra, y, luego, del evangelio a Dios.

Nuestros actos de fe se configuran en la incoherencia de quien cree saberlo todo y no ha entendido nada; hechos una maraña, nos perdemos entre visiones y revelaciones confusas; entre promesas que no han venido de la boca de Dios y secretos especiales que ocultan una “voluntad” que no es la del Padre. Pero en eso, que se antoja extraordinario y maravilloso, ponemos, neciamente, toda nuestra confianza.

Pareciera que el evangelio, con toda su carga de exigencias, renuncias y cambios radicales, animado por la dinámica del amor que inflama hasta dar la vida, es cosa aparte. Mientras, nos ocupamos en los gozos sentimentales que nos dan otras fuentes, que satisfacen pero no nutren. Nos dejamos llevar por el embeleso de la autosatisfacción piadosa y el engaño de una ascesis autorreferencial que no lleva a ningún compromiso con el hermano, ni siquiera a una transformación profunda de la propia persona.

Nuestra relación con Dios se hace estéril si pretendemos construirla únicamente en función de las preguntas que nos inquietan, con las que interpelamos su proceder y pretendemos hacerlo entra en razón, ¡nuestra razón!, y no con la actitud humilde de quien escucha las palabras del Señor y se estremece ante ellas (cf. Is 66,2).

La mirada profunda de Juan de la Cruz y la riqueza de su experiencia contemplativa, nos pone ante un Dios que habla distinto y responde con una palabra que revela lo más profundo de su voluntad:

Porque le podría responder Dios de esta manera, diciendo: “Si tengo yo habladas todas las cosas en mi Palabra, que es mi Hijo, y no tengo otra, ¿qué te puedo yo ahora responder o revelar que sea más que eso? Pon los ojos sólo en él, porque en él te lo tengo dicho todo y revelado, y hallarás en él aún más de lo que pides y deseas. Porque tú pides locuciones y revelaciones en parte, y si pones en él los ojos, lo hallarás en todo; porque él es toda mi locución y respuesta y es toda mi visión y toda mi revelación. Lo cual os he ya hablado, respondido y manifestado y revelado, dándoosle por Hermano, Compañero y Maestro, Precio y Premio. Porque desde aquel día que bajé con mi Espíritu sobre él en el monte Tabor, diciendo […]: Este es mi Hijo amado, en que me he complacido; a él oid, ya alcé yo la mano de todas esas maneras de enseñanzas y respuestas y se la di a él. Oídle a él, porque ya no tengo más fe que revelar, ni más cosas que manifestar. Que, si antes hablaba, era prometiendo a Cristo; y si me preguntaban, eran las preguntas encaminadas a la petición y esperanza de Cristo, en que habían de hallar todo bien […]

[…] Si quieres que te declare yo algunas cosas ocultas o casos, pon solos los ojos en él, y hallarás ocultísimos misterios, y sabiduría, y maravillas de Dios, que están encerradas en él […]” (2S 22,5-6)

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.