JUEVES 8

STO. DOMINGO DE GUZMÁN (1170-1221)

No lo permita Dios, Señor. Eso no te puede suceder a ti (v. 22)

Nació en España. Cuando era canónigo, reunió primero a un grupo de mujeres para que vivieran de acuerdo con una regla. Después fundó en Tolosa la Orden de Predicadores para luchar contra las herejías (los cátaros). Quería que sus hijos fueran mendicantes y que sus enseñanzas se alimentaran de la contemplación. Antes de morir en Bolonia, estableció la ciudad de Roma como centro de su Orden (Tomado del Misal de agosto, Buena Prensa).

Lectura del santo evangelio según san Mateo (16,13-23)

En aquel tiempo, cuando llegó Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?» Ellos le respondieron: «Unos dicen que eres Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que Jeremías o alguno de los profetas».

Luego les preguntó: «Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?» Simón Pedro tomó la palabra y le dijo: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo».

Jesús le dijo entonces: «¡Dichoso tú, Simón, hijo de Juan, porque esto no te lo ha revelado ningún hombre, sino mi Padre, que está en los cielos! Y yo te digo a ti que tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. Los poderes del infierno no prevalecerán sobre ella. Yo te daré las llaves del Reino de los cielos; todo lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo». Y les ordenó a sus discípulos que no dijeran a nadie que él era el Mesías.

A partir de entonces, comenzó Jesús a anunciar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén para padecer allí mucho de parte de los ancianos, de los sumos sacerdotes y de los escribas; que tenía que ser condenado a muerte y resucitar al tercer día.

Pedro se lo llevó aparte y trató de disuadirlo, diciéndole: «No lo permita Dios, Señor. Eso no te puede suceder a ti». Pero Jesús se volvió a Pedro y le dijo: «¡Apártate de mí, Satanás, y no intentes hacerme tropezar en mi camino, porque tu modo de pensar no es el de Dios, sino el de los hombres!»

Palabra del Señor.

La personalidad de Pedro fluctúa entre la fuerza y la debilidad, el arrojo y la cobardía, la seguridad en sí mismo y la vulnerabilidad de sus convicciones; aflora en él esa condición humana que compartimos todos, llena de contradicciones, de dudas, de oscuridad, pero también teñida de esperanza, de buena voluntad, de entrega y disponibilidad.

En Pedro, como en un espejo, nos reflejamos todos: a veces, desde la más profunda relación con Dios, expresamos nuestra fe y proclamamos que Jesús es el Mesías (cf. v. 16).  Pero otras veces nos asustamos, retrocedemos, nos desdecimos y no somos capaces de asumir los retos y las consecuencias de nuestra fe en el Señor (cf. v. 21); hay cosas que preferimos no sucedan y deseamos inclusive que ni el mismo Dios las permita (cf. v. 22).

Ante Jesús y su proyecto es necesario cambiar el modo de pensar, de actuar y decidir (cf. v. 23).

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.