VIERNES 9

¡Qué bien lo hace todo! Hace oír a los sordos y hablar a los mudos (v. 37)

Lectura del santo evangelio según san Marcos (7, 31-37)

En aquel tiempo, salió Jesús de la región de Tiro y vino de nuevo, por Sidón, al mar de Galilea, atravesando la región de Decápolis. Le llevaron entonces a un hombre sordo y tartamudo, y le suplicaban que le impusiera las manos. Él lo apartó a un lado de la gente, le metió los dedos en los oídos y le tocó la lengua con saliva. Después, mirando al cielo, suspiró y le dijo: «¡Effetá!» (que quiere decir «¡Ábrete!»). Al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y empezó a hablar sin dificultad.

Él les mandó que no lo dijeran a nadie; pero cuanto más se lo mandaba, ellos con más insistencia lo proclamaban; y todos estaban asombrados y decían: «¡Qué bien lo hace todo! Hace oír a los sordos y hablar a los mudos».

Palabra del Señor.

La palabra de Dios se escucha y se proclama, dos acciones que afloran de la condición humana y que sintonizan con la voluntad del Padre, que nos dice ¡escucha! (Dt 64,) y con el mandato del Señor, que envía: vayan por todo el mundo y proclamen el evangelio (Mc 16,15).

Estamos llamados a esa misión y, además, asumir el compromiso de abrir los oídos sordos y soltar las trabas (cf. v. 35) que impiden a tantos hombres escuchar y proclamar.

Que también se diga de nosotros que todo lo hacemos bien: ¡Hacemos oír a los sordos y hablar a los mudos! (v. 37).

¡Effetá!

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.