JUEVES 8

EL CUERPO Y LA SANGRE DE CRISTO (Corpus Christi)

El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna y yo lo resucitaré el último día (v. 54)

Lectura del santo evangelio según san Juan (6,51-58)

En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: «Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo les voy a dar es mi carne para que el mundo tenga vida».

Entonces los judíos se pusieron a discutir entre sí: «¿Cómo puede éste damos a comer su carne?». Jesús les dijo: «Yo les aseguro: Si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no podrán tener vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna y yo lo resucitaré el último día.

Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí y yo en él. Como el Padre, que me ha enviado, posee la vida y yo vivo por él, así también el que me come vivirá por mí.

Éste es el pan que ha bajado del cielo; no es como el maná que comieron sus padres, pues murieron. El que come de este pan vivirá para siempre». 

Palabra del Señor.

Comer y beber: permanecer en él

En las palabras de Jesús subyace un sentido profundo y distinto que da un significado radical, y a veces incomprensible, al hecho de comer y beber su cuerpo (pan) y su sangre (vino). No se trata sólo de ingerir pan y vino consagrados, sino de tomar parte en su proyecto.

Cuando aceptamos una invitación a comer, asumimos un compromiso con quien nos invita. De igual manera, aceptar lo que él nos ofrece, verdadera comida y verdadera bebida (v. 55), significa comprometernos con él y permanecer en él, para vivir por él, y para siempre (vv. 57-58)

¿Cuándo vas a comulgar, satisfaces un deseo, o asumes y confirmas tu compromiso con él?

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.