JUEVES 4

Ntra. Señor del Refugio.

Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa (v. 6)

Lectura del santo evangelio según san Mateo (9, 1-8)

En aquel tiempo, Jesús subió de nuevo a la barca, pasó a la otra orilla del lago y llegó a Cafarnaúm, su ciudad.

En esto, trajeron a donde él estaba a un paralítico postrado en una camilla. Viendo Jesús la fe de aquellos hombres, le dijo al paralítico: «Ten confianza, hijo. Se te perdonan tus pecados».

Al oír esto, algunos escribas pensaron: «Este hombre está blasfemando». Pero Jesús, conociendo sus pensamientos, les dijo: «¿Por qué piensan mal en sus corazones? ¿Qué es más fácil: decir ‘Se te perdonan tus pecados’, o decir ‘Levántate y anda’? Pues para que sepan que el Hijo del hombre tiene poder en la tierra para perdonar los pecados, –le dijo entonces al paralítico–: Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa».

El se levantó y se fue a su casa. Al ver esto, la gente se llenó de temor y glorificó a Dios, que había dado tanto poder a los hombres
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Palabra del Señor.

Encontramos en el texto dos actitudes contrapuestas que, muchas veces, nos definen humanamente: la confianza y la desconfianza. La primera es el sustento de la fe, la segunda de la incredulidad, la falta de fe y los malos pensamientos con los que desacreditamos las buenas intenciones de los demás (cf. v. 4).

La confianza alimenta el diálogo sincero, el perdón y anima a que los otros emprendan su camino con libertad, o lo retomen, para reencontrarse consigo mismos y con los suyos. La desconfianza, por el contrario, prefiere mantener a los hombres atados a las camillas de la inmovilidad, la inutilidad, la negación y el desprecio.

Digamos con Jesús: ¡Levántate!

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.