
NTRA. SEÑORA DEL PERPETUO SOCORRO
La imagen, de origen oriental, de esta advocación de la santísima Virgen se venera en Roma y se remonta a los siglos XII o XIV. Pío IX confió a los padres redentoristas la misión de difundir esta devoción, actualmente extendida por la mayoría de las iglesias de Occidente. La santísima Virgen siempre está dispuesta a socorrernos. En Oriente es conocida como la Santísima Virgen de la Pasión (Misal junio, Buena Prensa).
Lectura del santo evangelio según san Mateo (7, 21-29)
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «No todo el que me diga: ‘¡Señor, Señor!’, entrará en el Reino de los cielos, sino el que cumpla la voluntad de mi Padre, que está en los cielos. Aquel día muchos me dirán: ‘¡Señor, Señor!, ¿no hemos hablado y arrojado demonios en tu nombre y no hemos hecho, en tu nombre, muchos milagros?’ Entonces yo les diré en su cara: ‘Nunca los he conocido. Aléjense de mí, ustedes, los que han hecho el mal’.
El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica, se parece a un hombre prudente, que edificó su casa sobre roca. Vino la lluvia, bajaron las crecientes, se desataron los vientos y dieron contra aquella casa; pero no se cayó, porque estaba construida sobre roca.
El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica, se parece a un hombre imprudente, que edificó su casa sobre arena. Vino la lluvia, bajaron las crecientes, se desataron los vientos, dieron contra aquella casa y la arrasaron completamente».
Cuando Jesús terminó de hablar, la gente quedó asombrada de su doctrina, porque les enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas.
Palabra del Señor.
Nunca estaría de más preguntarnos qué rasgos tiene nuestra fe, o sobre qué está cimentada.
¿Es, tal vez, una fe llena de palabrería, de golpes de pecho, o una retahíla de rezos sin sentido, huecos y vacíos? Así, no es posible entrar en el Reino de los cielos (cf. v. 21).
¿Está cimentada, quizá, sobre el exceso de confianza y la sobreestima; sobre el engañoso destello de la egolatría y el efímero “poder” de la autosuficiencia? Esto es una imprudencia (cf. vv. 26-27).
La fe que nace del evangelio comienza por la escucha de la palabra y la decisión de ponerla en práctica, actuar con prudencia para discernir con profundidad y certidumbre, y tener la osadía de enfrentar de pie las adversidades y las amenazas de la vida, parados firmemente sobre la roca (cf. vv. 24-25).
Yo te amo, Señor, ¡tú eres mi refugio!
Señor, mi roca, mi fortaleza, mi libertador (Sal 18,2)
Mario A. Hernández Durán, Teólogo.
