JUEVES 27

Un hombre prudente, que edificó su casa sobre roca (v. 24)

NTRA. SEÑORA DEL PERPETUO SOCORRO

La imagen, de origen oriental, de esta advocación de la santísima Virgen se venera en Roma y se remonta a los siglos XII o XIV. Pío IX confió a los padres redentoristas la misión de difundir esta devoción, actualmente extendida por la mayoría de las iglesias de Occidente. La santísima Virgen siempre está dispuesta a socorrernos. En Oriente es conocida como la Santísima Virgen de la Pasión (Misal junio, Buena Prensa).

Lectura del santo evangelio según san Mateo (7, 21-29)

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «No todo el que me diga: ‘¡Señor, Señor!’, entrará en el Reino de los cielos, sino el que cumpla la voluntad de mi Padre, que está en los cielos. Aquel día muchos me dirán: ‘¡Señor, Señor!, ¿no hemos hablado y arrojado demonios en tu nombre y no hemos hecho, en tu nombre, muchos milagros?’ Entonces yo les diré en su cara: ‘Nunca los he conocido. Aléjense de mí, ustedes, los que han hecho el mal’.

El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica, se parece a un hombre prudente, que edificó su casa sobre roca. Vino la lluvia, bajaron las crecientes, se desataron los vientos y dieron contra aquella casa; pero no se cayó, porque estaba construida sobre roca.

El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica, se parece a un hombre imprudente, que edificó su casa sobre arena. Vino la lluvia, bajaron las crecientes, se desataron los vientos, dieron contra aquella casa y la arrasaron completamente».

Cuando Jesús terminó de hablar, la gente quedó asombrada de su doctrina, porque les enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas
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Palabra del Señor.

Nunca estaría de más preguntarnos qué rasgos tiene nuestra fe, o sobre qué está cimentada.

¿Es, tal vez, una fe llena de palabrería, de golpes de pecho, o una retahíla de rezos sin sentido, huecos y vacíos? Así, no es posible entrar en el Reino de los cielos (cf. v. 21).

¿Está cimentada, quizá, sobre el exceso de confianza y la sobreestima; sobre el engañoso destello de la egolatría y el efímero “poder” de la autosuficiencia? Esto es una imprudencia (cf. vv. 26-27).

La fe que nace del evangelio comienza por la escucha de la palabra y la decisión de ponerla en práctica, actuar con prudencia para discernir con profundidad y certidumbre, y tener la osadía de enfrentar de pie las adversidades y las amenazas de la vida, parados firmemente sobre la roca (cf. vv. 24-25).

Yo te amo, Señor, ¡tú eres mi refugio!

Señor, mi roca, mi fortaleza, mi libertador (Sal 18,2)

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.