
(v. 21)
Lectura del santo evangelio según san Juan (17,20-26)
En aquel tiempo, Jesús levantó los ojos al cielo y dijo: «Padre, no sólo te pido por mis discípulos, sino también por los que van a creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí y yo en ti somos uno, a fin de que sean uno en nosotros y el mundo crea que tú me has enviado.
Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno. Yo en ellos y tú en mí, para que su unidad sea perfecta y así el mundo conozca que tú me has enviado y que los amas, como me amas a mí.
Padre, quiero que donde yo esté, estén también conmigo los que me has dado, para que contemplen mi gloria, la que me diste, porque me has amado desde antes de la creación del mundo.
Padre justo, el mundo no te ha conocido; pero yo sí te conozco y éstos han conocido que tú me enviaste. Yo les he dado a conocer tu nombre y se lo seguiré dando a conocer, para que el amor con que me amas esté en ellos y yo también en ellos».
Palabra del Señor.
Muchos creerán por nosotros
A veces, perdemos el tiempo elucubrando y tratando de descifrar el nombre de Dios; lo saturamos de calificativos, de atributos, de ideas abstractas, pero nada se le asemeja. Buscamos e investigamos por todos lados, pero lo único que olvidamos, es mirar el evangelio.
¿Acaso no nos basta saber y reconocer que es Jesús quien nos ha dado a conocer su nombre? (cf. v. 26). Un nombre que sólo se define con el amor: Dios es amor (1Jn 4,8). Pero más que una definición, es una cualidad del ser de Dios que se transforma en experiencia de vida cuando Jesús nos la comparte: que el amor con que me amas esté en ellos y yo también en ellos (v. 26).
De ese conocimiento, que nace de un amor profundo, surge un compromiso ineludible: que también nosotros demos a conocer el nombre de Dios para que otros crean. Por eso, Jesús ora al Padre: No sólo te pido por mis discípulos, sino también por aquellos que van a creer por su palabra… (v. 20); por nuestra palabra y nuestro testimonio.
El conocimiento de Dios también se gesta en la cercanía con el Señor, estar con él: Quiero que donde yo esté, estén también conmigo…, para que contemplen y conozcan tu gloria (v. 24); para que todos seamos uno (cf. v. 21).
¿Realmente somos unos con el Padre y con el Hijo?
Mario A. Hernández Durán, Teólogo.
