JESUCRISTO, SUMO Y ETERNO SACERDOTE
Jesucristo ejerce el sacerdocio durante toda su vida terrena y, sobre todo, en su pasión, muerte y resurrección. El sacrificio perfecto es el que ofreció en la cruz como ofrenda total y respuesta amorosa al amor del Padre, por nuestra salvación. Es el mismo Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote de la Nueva Alianza, quien, por el ministerio sacerdotal, ofrece el sacrificio eucarístico, que es el mismo sacrificio de la cruz.
Lectura del santo Evangelio según san Lucas (22,14-20)
En aquel tiempo, llegada la hora de cenar, se sentó Jesús con sus discípulos y les dijo: «Cuánto he deseado celebrar esta Pascua con ustedes, antes de padecer, porque yo les aseguro que ya no la volveré a celebrar, hasta que tenga cabal cumplimiento en el Reino de Dios».
Luego tomó en sus manos una copa de vino, pronunció la acción de gracias y dijo: «Tomen esto y repártanlo entre ustedes, porque les aseguro que ya no volveré a beber del fruto de la vid hasta que venga el Reino de Dios».
Tomando después un pan, pronunció la acción de gracias, lo partió y se lo dio diciendo: «Esto es mi cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía». Después de cenar, hizo lo mismo con una copa de vino, diciendo: «Esta copa es la nueva alianza, sellada con mi sangre, que se derrama por ustedes».
Palabra del Señor.
Con la resurrección, el Reino de Dios irrumpe de manera definitiva en la historia de los hombres, teniendo así cabal cumplimiento (v. 16). De tal modo, que cada vez que nos reunimos en memoria suya (cf. v. 19), él vuelve a celebrar con nosotros la Pascua (cf. v. 16).
Ahora, preguntémonos: Nosotros, ¿deseamos celebrar con él y en comunidad la Pascua en cada acontecimiento de la vida? ¿Estamos dispuestos a tomar y repartir, entre todos, el gozo, la liberación y la alegría de la nueva alianza, sellada por nosotros con su sangre derramada? (cf. v. 20)
Comer y tomar en memoria suya significa que asumimos el mismo compromiso: entregar la vida por los demás (cf. v. 19).
Mario A. Hernández Durán, Teólogo.

