
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios
Ef 3, 14-21
Hermanos: Me arrodillo ante el Padre, de quien procede toda paternidad en el cielo y en la tierra, para que, conforme a los tesoros de su bondad, les conceda que su Espíritu los fortalezca interiormente y que Cristo habite por la fe en sus corazones. Así, arraigados y cimentados en el amor, podrán comprender con todo el pueblo de Dios, la anchura y la longitud, la altura y la profundidad del amor de Cristo, y experimentar ese amor que sobrepasa todo conocimiento humano, para que así queden ustedes colmados con la plenitud misma de Dios.
A él, que, con su poder que actúa eficazmente en nosotros, puede hacer infinitamente más de lo que le pedimos o entendemos, le sea dada la gloria en la Iglesia y en Cristo Jesús, por todas las edades y por todos los siglos. Amén.
Palabra de Dios.
Que Cristo habite en nuestros corazones (cf. v. 17)
Si en algún momento dudásemos de nuestra dignidad como personas y del valore que poseemos ante Dios y ante los hombres, bastaría hacer nuestras las palabras de Pablo:
Que el Padre, conforme a los tesoros de su bondad, nos conceda su Espíritu y nos fortalezca interiormente y que Cristo habite por la fe en nuestros corazones (vv. 14-17).
No cabe duda, somos tan dignos a tal grado, que el Señor habita en nosotros y el amor que nos tiene, sobre pasa todo conocimiento humano(v. 19).
Nos dudes, Dios te ha elegido para ser su morada.
Mario A. Hernández Durán, Teólogo.
