SANTOS ÁNGELES CUSTODIOS
Los ángeles custodios son aquellos que protegen, guían y cuidan tanto al pueblo como a cada individuo; la tradición popular los reconoce como “ángeles guardianes”, o “ángeles de la guarda”.
En el antiguo testamento se puede observar cómo Dios se sirve de sus ángeles para proteger a los hombres de la acción del demonio, para ayudar al justo o librarlo del peligro, como cuando Elías fue alimentado por un ángel (1 Reyes 19, 5.)
En el nuevo testamento también se pueden observar muchos sucesos y ejemplos en los que se ve la misión de los ángeles: el mensaje a José para que huyera a Egipto, la liberación de Pedro en la cárcel, los ángeles que sirvieron a Jesús después de las tentaciones en el desierto. (Tomado de: https://es.catholic.net/op/articulos/31817/ngeles-custodios.html)
Lectura del santo evangelio según san Mateo (18, 1-5. 10)
En cierta ocasión, los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron: «¿Quién es más grande en el Reino de los cielos?»
Jesús llamó a un niño, lo puso en medio de ellos y les dijo: «Yo les aseguro a ustedes que si no cambian y no se hacen como los niños, no entrarán en el Reino de los cielos. Así pues, quien se haga pequeño como este niño, ése es el más grande en el Reino de los cielos. Y el que reciba a un niño como éste en mi nombre, me recibe a mí.
Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños, pues yo les digo que sus ángeles, en el cielo, ven continuamente el rostro de mi Padre, que está en el cielo».
Palabra del Señor.
Si bien la tradición de la Iglesia, desde antiguo, ha creído que a cada individuo, a cada creyente, ha sido asignado un ángel protector, que lo mantiene en pie ante las adversidades y lo salva de las dificultades y los obstáculos que la vida le presenta, ángeles que guardan sus pasos y su caminar, podemos ir más allá y descubrir un mensaje y una enseñanza nueva en el texto del evangelio de Mateo que leemos hoy.
Si partimos de la misma pregunta, ¿quién es el más grande en el Reino de los cielos? (v. 1), la respuesta se irá tejiendo, poco a poco, por medio de actitudes muy concretas que el discípulo debe adoptar delante de los niños, o los pequeños: cambiar, reorientar la vida hacia la pequeñez, recibir, acoger (cf. vv. 1-5), respetar y no despreciar (cf. v. 10).
De ese modo, el seguidor del Señor, que al final será un enviado (mensajero, ángel), adopta, de un modo u otro, la figura del protector que debe custodiar la dignidad y la integridad de los pequeños. Por eso, Jesús nos advierte: Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños (v. 10).
Ejemplos en la vida diaria encontramos muchos: Una abuela que no duda en proteger a su nieta ante la voracidad del fuego; una mamá que no duda en dar todo (tiempo, fuerzas, recursos…) por sus hijos; padres que, si dudarlo, protegen del peligro a sus familias. Estos, y muchos otros, son ángeles custodios, los más grandes en el Reino de los cielos.
Mario A. Hernández Durán, Teólogo.

