- Lc 5,1-11

¡No hemos pescado nada!
En ocasiones, sentimos que hemos llegado al límite de nuestras posibilidades, las fuerzas se agotan y la esperanza se pierde. Nos damos por vencidos…
Los embates de la vida nos sobrepasan y, dejándonos caer en la derrota, decimos como Pedro: Señor, no hemos pescado nada… (v. 5).
Su voz, pausada y segura, en medio del desaliento y la oscuridad, nos anima: ¡No temas! Ten fe, tira las redes; deja atrás la desesperanza y el miedo. ¡Déjalo todo y sígueme! serás pescador de hombres (v. 10).
Mario A. Hernández Durán, Teólogo.
