
(vv. 7-8
Lectura del santo evangelio según san Marcos
Mc 3, 7-12
En aquel tiempo, Jesús se retiró con sus discípulos a la orilla del mar, seguido por una muchedumbre de galileos. Una gran multitud, procedente de Judea y Jerusalén, de Idumea y Transjordania y de la parte de Tiro y Sidón, habiendo tenido noticias de lo que Jesús hacía, se trasladó a donde él estaba.
Entonces rogó Jesús a sus discípulos que le consiguieran una barca para subir en ella, porque era tanta la multitud, que estaba a punto de aplastarlo.
En efecto, Jesús había curado a muchos, de manera que todos los que padecían algún mal, se le echaban encima para tocarlo. Cuando los poseídos por espíritus inmundos lo veían, se echaban a sus pies y gritaban: “Tú eres el Hijo de Dios”. Pero Jesús les prohibía que lo manifestaran.
Palabra del Señor.
Muchedumbres que buscan y esperan…
También hoy, multitudes que buscan desesperadas, no sólo una respuesta a sus interrogantes, sino una solución a sus problemas, a sus crisis y a las carencias que tanto dañan la integridad, el bienestar y la estabilidad de los individuos, las familias y las comunidades enteras.
Encontramos a toda esa gente en los templos, en los santuarios, en los refugios, en las fronteras, en lugares de asilo, en campamentos improvisados, echándose encima (v. 10) de cualquier cosa que les pueda devolver algo de lo que no tienen.
Si buscan a Jesús, hagamos que lo encuentren en nosotros…
Mario A. Hernández Durán, Teólogo.
