JUEVES 18

No dudes en recibir…

Lectura del santo evangelio según san Mateo 1, 18-24

Cristo vino al mundo de la siguiente manera: Estando María, su madre, desposada con José, y antes de que vivieran juntos, sucedió que ella, por obra del Espíritu Santo, estaba esperando un hijo. José, su esposo, que era hombre justo, no queriendo ponerla en evidencia, pensó dejarla en secreto.

Mientras pensaba en estas cosas, un ángel del Señor le dijo en sueños: “José, hijo de David, no dudes en recibir en tu casa a María, tu esposa, porque ella ha concebido por obra del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados”.

Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que había dicho el Señor por boca del profeta Isaías: He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, a quien pondrán el nombre de Emmanuel, que quiere decir Dios-con-nosotros.

Cuando José despertó de aquel sueño, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y recibió a su esposa.

Palabra del Señor.

En este tramo final del Adviento, antes de celebrar la Natividad del Señor, la palabra nos irá poniendo en contexto y acercándonos a ese misterio que arropa con lo humano y lo divino la persona de Jesús.

Después de la genealogía, Mateo resalta el modo cómo Cristo vino al mundo: María, desposada con José, espera un hijo que es obra del Espíritu de Dios (cf. v. 18). Esto, que es inexplicable, representa un conflicto moral que pone en riesgo la integridad y la vida de todos.

La solución más viable, desde la perspectiva de José, y la más justa, es no denunciar y abandonarla (cf. v. 19); es decir, desaparecer de la vida de María y alejarse de la realidad. Pero también para él, de parte de Dios, hay un anuncio que cambia el rumbo de sus decisiones y mitiga sus dudas: No dudes en recibir en tu casa a María, tu esposa… (v. 20).

Es este el anuncio que el Adviento nos lanza a nosotros hoy: atender nuestras dudas de fe, hacernos cargo de ellas y, sobre todo, descubrir a qué realidades humanas, en torno nuestro, nos resistimos, de las que huimos para no comprometernos, o a las a que le cerramos la puerta.

También a nosotros el ángel del Señor nos dice: No dudes en recibir a Jesús en el hermano, en el migrante, en el enfermo, en el despreciado, en el preso, en todo aquel que es diferente de ti pero necesita de tu amor, de tu amistad, de tu comprensión y de tu generosidad.

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.