JUEVES 18

El pan que yo les voy a dar es mi carne para que el mundo tenga vida (v. 51)

Lectura del santo evangelio según san Juan (6, 44-51)

En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: «Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre, que me ha enviado; y a ése yo lo resucitaré el último día. Está escrito en los profetas: Todos serán discípulos de Dios. Todo aquel que escucha al Padre y aprende de él, se acerca a mí. No es que alguien haya visto al Padre, fuera de aquel que procede de Dios. Ese sí ha visto al Padre.

Yo les aseguro: el que cree en mí, tiene vida eterna. Yo soy el pan de la vida. Sus padres comieron el maná en el desierto y sin embargo, murieron. Éste es el pan que ha bajado del cielo para que, quien lo coma, no muera. Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre, y el pan que yo les voy a dar es mi carne para que el mundo tenga vida».

Palabra del Señor.

Para seguir a Jesús debemos sentirnos atraídos por el Padre, enamorarnos de Él. Es decir, lo que Jesús nos enseña es lo que él quiere que sepamos de su Padre, y no otra cosa, de tal modo que, al conocerlo con claridad reconozcamos que el único camino para llegar a Él es, precisamente, el Hijo, el enviado…, nadie más (cf. v. 44).

Además, así como el pan reúne a la familia en torno a la mesa para alimentarse y dar sustento a la vida, Jesús entrega todo su ser, su carne, como pan que baja del cielo, para que, reunidos en torno a él, tengamos vida (v. 51).

¡Yo soy el pan de la vida! (v. 48)

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.