JUEVES 16

Ustedes no han entrado, y a los que iban a entrar les han cerrado el paso (v. 52)

Lectura del santo evangelio según san Lucas (11, 47-54)

En aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos y doctores de la ley: «¡Ay de ustedes, que les construyen sepulcros a los profetas que los padres de ustedes asesinaron! Con eso dan a entender que están de acuerdo con lo que sus padres hicieron, pues ellos los mataron y ustedes les construyen el sepulcro.

Por eso dijo la sabiduría de Dios: Yo les mandaré profetas y apóstoles, y los matarán y los perseguirán, para que así se le pida cuentas a esta generación de la sangre de todos los profetas que ha sido derramada desde la creación del mundo, desde la sangre de Abel hasta la de Zacarías, que fue asesinado entre el atrio y el altar. Sí, se lo repito: a esta generación se le pedirán cuentas.

¡Ay de ustedes, doctores de la ley, porque han guardado la llave de la puerta del saber! Ustedes no han entrado, y a los que iban a entrar les han cerrado el paso».

Luego que Jesús salió de allí, los escribas y fariseos comenzaron a acosarlo terriblemente con muchas preguntas y a ponerle trampas para ver si podían acusarlo con alguna de sus propias palabras.

Palabra del Señor.

En continuidad con el evangelio de ayer, encontramos hoy, nuevamente, palabras duras y retadoras de Jesús, que pueden resultar incomprensibles si las leemos únicamente a la distancia y no descubrimos lo que hoy nos dicen a nosotros.

Jesús, entre otras cosas, habla de una llave del saber que las autoridades han guardado (cf. v. 52), que abre una puerta que ahora, cerrada, no permite el paso ni a unos ni a otros. ¿Qué significa, o qué se refiere?:

La sabiduría es la voluntad del Padre revelada en su palabra, a la que todos tenemos acceso para conocerla y hacerla nuestra; la llave representa lo que a cada uno se ha confiado, pero no como privilegio, sino como misión y responsabilidad; la puerta es el acceso a la salvación, la felicidad y la libertad que Dios nos ofrece sin distingos ni condiciones.

El problema surge cuando nos apoderamos de todo, cerramos el paso y convertimos el evangelio en una ideología, en una doctrina moralista, rígida e indoblegable, o en una interpretación que resta sentido el proyecto de Jesús y del Padre.

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.