JUEVES 12

¿No estoy aquí, yo, que soy tu madre?

NUESTRA SEÑORA DE GUADALUPE, PATRONA DE AMÉRICA

Era el mes de diciembre de 1531, diez años solamente después de conquistada Tenochtitlan, cuando la santísima Virgen se apareció al indígena Juan Diego en el cerro del Tepeyac, Lo nombró su embajador ante el obispo, fray Juan de Zumárraga, para que le construyeran un templo, La prueba de que las palabras de Juan Diego eran ciertas fueron las rosas que llevó en su tilma y la preciosa imagen que apareció dibujada en ella. La santísima Virgen es nuestra Madre. Toda la historia de Juan Diego y de las apariciones de la Virgen están fundadas en una constante y sólida tradición. (tomado del misal de diciembre, Buena Prensa)

Lectura del santo evangelio según san Lucas (1, 39-48)

En aquellos días, María se encaminó presurosa a un pueblo de las montañas de Judea, y entrando en la casa de Zacarías, saludó a Isabel. En cuanto ésta oyó el saludo de María, la creatura saltó en su seno.

Entonces Isabel quedó llena del Espíritu Santo, y levantando la voz, exclamó: «¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a verme? Apenas llegó tu saludo a mis oídos, el niño saltó de gozo en mi seno. Dichosa tú, que has creído, porque se cumplirá cuanto te fue anunciado de parte del Señor».

Entonces dijo María: «Mi alma glorifica al Señor y mi espíritu se llena de júbilo en Dios mi salvador, porque puso sus ojos en la humildad de su esclava»

Palabra de Señor.

María no sólo se ha encaminado presurosa a las montañas de Judea (cf. v. 39), sino ha venido a nuestra tierra para quedarse con nosotros, como madre y protectora.

En cada momento y ante cualquier dificultad nos dice, con ternura y amor materno: lo que te aflige no perturbe tu rostro, tu corazón; no temas la enfermedad y ninguna otra cosa que te aflija.

¿No estoy aquí, yo, que soy tu madre? ¿No estás bajo mi sombra y resguardo? ¿No soy la fuente de tu alegría? ¿No estás en el hueco de mi manto, en el cruce de mis brazos? ¿Tienes necesidad de alguna otra cosa? (Nican-Mopphua 118-119)

Que su presencia nos haga saltar de gozo (v. 44) y proclamemos con alegría: ¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! (v. 41).

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.