JUEVES 12

Si tú quieres, puedes curarme
(v. 40)

Lectura del santo evangelio según san Marcos

Mc 1, 40-45

En aquel tiempo, se le acercó a Jesús un leproso para suplicarle de rodillas: “Si tú quieres, puedes curarme”. Jesús se compadeció de él, y extendiendo la mano, lo tocó y le dijo: “¡Sí quiero: sana!” Inmediatamente se le quitó la lepra y quedó limpio.

Al despedirlo, Jesús le mandó con severidad: “No se lo cuentes a nadie; pero para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo prescrito por Moisés”.

Pero aquel hombre comenzó a divulgar tanto el hecho, que Jesús no podía ya entrar abiertamente en la ciudad, sino que se quedaba fuera, en lugares solitarios, a donde acudían a él de todas partes.

Palabra del Señor.

El Señor siempre puede…

¿Cuáles son las lepras de nuestra sociedad? No son, tal vez, las enfermedades incurables, sino, más bien, las graves consecuencias provocadas por las ideológicas, los moralismos radicales y la indiferencia, que ponen límites al hombre, que lo denigran y lo dejan fuera de toda posibilidad de una vida digna; aquellas que desprecian a la persona y la condenan a vivir en el olvido, simplemente, por no ser como nosotros…

En medio de tantos ruidos en el mundo se alza una voz que suplica: Si tú quieres, puedes curarme (v. 40), y la respuesta del Señor hoy se hace nuestra, y si él siempre puede, también nosotros:

¡Sí quiero, sana! (v. 41)

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.