JUEVES 11

Sean misericordiosos, como su Padre es misericordioso (v. 35)

Lectura del santo evangelio según san Lucas 6, 27-38

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los aborrecen, bendigan a quienes los maldicen y oren por quienes los difaman. Al que te golpee en una mejilla, preséntale la otra; al que te quite el manto, déjalo llevarse también la túnica. Al que te pida, dale; y al que se lleve lo tuyo, no se lo reclames.

Traten a los demás como quieran que los traten a ustedes; porque si aman sólo a los que los aman, ¿qué hacen de extraordinario? También los pecadores aman a quienes los aman. Si hacen el bien sólo a los que les hacen el bien, ¿qué tiene de
extraordinario? Lo mismo hacen los pecadores. Si prestan solamente cuando esperan cobrar, ¿qué hacen de extraordinario? También los pecadores prestan a otros pecadores, con la intención de cobrárselo después.

Ustedes, en cambio, amen a sus enemigos, hagan el bien y presten sin esperar recompensa. Así tendrán un gran premio y serán hijos del Altísimo, porque él es bueno hasta con los malos y los ingratos. Sean misericordiosos, como su Padre es misericordioso.

No juzguen y no serán juzgados; no condenen y no serán condenados; perdonen y serán perdonados. Den y se les dará: recibirán una medida buena, bien sacudida, apretada y rebosante en los pliegues de su túnica. Porque con la misma medida con que midan, serán medidos’’.

Palabra del Señor.

Qué habrá visto Jesús entre la gente, en el trato de unos con otros, entre conocidos y desconocidos; entre las autoridades y el pueblo, o entre familiares, amigos y enemigos… para haber lanzado estas advertencias y consejos tan radicales.

Seguramente descubrió en ese momento lo que también sucede entre nosotros: relaciones rotas, marcadas por rencillas, resentimientos y envidias; desvirtuadas por la indiferencia y el egoísmo, por la competencia desleal y los privilegios.

Jesús propone un cambio, radical y difícil ciertamente, que se gesta desde la dinámica de la Buena Nueva y que hoy, como entonces, necesitamos acoger e implementar; una propuesta que contiene en sí los fundamentos que hemos olvidado, sin los cuales no es posible construir comunidades fraternas, ni mucho menos alcanzar los ideales y deseos de justicia y paz: el amor y la misericordia.

Simple y sencillamente se trata de amar, hacer el bien y ser misericordiosos (cf. v. 35).

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.