- Mt 5,20-26

Primero, reconcíliate con tu hermano
La justicia de las autoridades es engañosa; es la justicia oficial a la que nos ajustamos, por comodidad o conveniencia. Engañosa, porque nos conformamos con ella y la cumplimos, tan mediocremente, que fácilmente la violamos. Para el creyente la exigencia va más allá: si su justicia no es mayor que la de los escriba y fariseos, ciertamente no entrarán en el Reino de los cielos (v. 20).
La justicia de Dios comienza por el amor al hermano y el respeto de su dignidad, a tal grado, que quien insulte y desprecie a su hermano será llevado al fuego del lugar de castigo (v. 22). Por eso, ante una falta como estas, y antes que someternos a la justicia, primero debemos buscar el perdón y la reconciliación (cf. v. 23-25).
En la relación con el hermano se proyecta nuestra relación con Dios y en el amor al hermano se pone de manifiesto el amor a Dios.
Mario A. Hernández Durán, Teólogo.
