JESUCRISTO, SUMO Y ETERNO SACERDOTE (México)

Esta fiesta celebra el contenido de la obra sacerdotal de Cristo, su Misterio Pascual en favor de los hombres, realizado una vez para siempre
El calendario litúrgico general del rito romano celebra una serie de fiestas del Señor Jesús con grado de solemnidad: Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, Sagrado Corazón de Jesús y Jesucristo Rey del Universo. El calendario de la Iglesia en España aporta una fiesta propia: Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote (jueves posterior a Pentecostés).
Lectura del santo evangelio según san Lucas (22,14-20)
En aquel tiempo, llegada la hora de cenar, se sentó Jesús con sus discípulos y les dijo: “Cuanto he deseado celebrar esta Pascua con ustedes, antes de padecer, porque yo les aseguro que ya no la volveré a celebrar, hasta que tenga cabal cumplimiento en el Reino de Dios”. Luego tomó en sus manos una copa de vino, pronunció la acción de gracias y dijo: “Tomen esto y repártanlo entre ustedes, porque les aseguro que ya no volveré a beber del fruto de la vid hasta que venga el Reino de Dios”.
Tomando después un pan, pronunció la acción de gracias, lo partió y se lo dio diciendo: “Este es mi cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía. Después de cenar, hizo lo mismo con una copa de vino, diciendo: “Esta copa es la nueva alianza, sellada con mi sangre, que se derrama por ustedes”.
Palabra del Señor.
Hacer memoria y hacerlo vida
De una mesa ordinaria, donde las familias y los amigos se reúnen para compartir los alimentos, celebrar algo importante, o gozar del momento, Jesús nos propone ir más allá: celebrar sobre el altar de la vida y la historia de la humanidad.
Que el pan que se comparte en su nombre, se convierta en experiencia de fraternidad y el vino en el signo de la alianza que pactamos los creyentes con el Padre y entre nosotros.
Hacer memoria no significa sólo recordar un acontecimiento del pasado; significa, por el contrario, no olvidar que hemos sido salvados y que la salvación es una experiencia de vida que permea y transforma lo cotidiano; hacer memoria de él significa comprometerse con él y recordar, diariamente, que estamos llamados a vivir como él:
Este es mi cuerpo que se entrega por ustedes y esta es mi sangre que se derrama por ustedes (vv. 19-20)
Mario A. Hernández Durán, Teólogo.
