
Es la puerta la oración (V 8,9)
Atravesamos, sin duda, por una evidente crisis de valores, de la moral y la ética, de las relaciones interpersonales y sociales, del sentido de la vida y, particularmente, una profunda crisis de la interioridad; y esta es, con toda probabilidad, la raíz de todas las demás crisis.
Es como si el acceso a esa dimensión interior, al asombroso mundo del misterio del hombre, estuviera cerrado, clausurado, quedando unos dentro, atrapados es sí mismos, y otros fuera, extraviados la indeterminación y a la deriva de la superficialidad…
Tenemos la sensación de encontramos en el límite entre el ahora y el después; donde no hay vuelta atrás, pero tampoco nada que nos permita seguir delante; no se avista desde allí una luz de esperanza.
No obstante, a decir de Teresa, para el creyente, como para todo hombre que está en búsqueda, es la puerta la oración(V 8,9).
En la oración, trato de amistad (v. 8,5), el Señor consuela, alivia, fortalece, acompaña y se hace presente; cerrada ésta, no sé cómo las hará, porque, aunque quiera entrar a regalarse con un alma y regalarla, no hay por dónde, que la quiere sola y limpia y con ganas de recibirlos. Si le ponemos muchos tropiezos, y no ponemos nada en quitarlos, ¿cómo ha de venir a nosotros y queremos nos haga Dios grandes mercedes? (V 8,9).
Mario A. Hernández Durán, Teólogo
