DOMINGO IV PASCUA

ABRIL 25 DE 2021

DOMINGO IV DEL PASCUA

VER

Cualquier puesto o responsabilidad frente del pueblo y la comunidad es, en esencia, un servicio. No obstante, lo hemos convertido en un privilegio usurpado, y usurpador; que se asume como tal (privilegio) y, sin haberlo recibido legal o democráticamente, lo utilizamos únicamente para el bien propio.

Ministros, prelados, líderes, gobernantes, padres de familia o hermanos mayores que reclaman un salario cuando de servir se trata, confunden el amor al prójimo y la entrega incondicional con el usufructo de un bien material. Para todos, sin duda, habrá una paga, merecida y bien remunerada, siempre y cuando trabajemos por la justicia y no abandonemos a aquellos que se nos han confiado.

ILUMINAR

Hch 4,8-12; 1Jn 3,1-2; Jn 10,11-28

La imagen del buen pastor, con la que Jesús se presenta, es signo del amor y la misericordia del Padre, y símbolo de algo mucho más profundo, que trasciende toda imagen materializada del pastor. Las acciones que él asume y pone en práctica con generosidad, son propias de su ministerio: conocer a los suyos, dar la vida por ellos, buscar a los desconocidos y lejanos, traerlos y hacer sentir su voz como un llamado (cf. vv. 11-16); con un objetivo preciso: habrá un solo pastor y un solo rebaño. (v. 16).

Estos son los rasgos de la voluntad del Padre, y no otros. Así, queda claro que en el proyecto del Reino nadie se perderá (6,39) y todos resucitarán en el último día (6,40).

En el Pastor se proyecta el rostro de un Padre acogedor e incluyente, que nos hace suyos y nos reconoce como hijos: Miren cuánto amor nos ha tenido el Padre, pues no sólo nos llama hijos de Dios, sino que lo somos. (1Jn 3,1). 

En él, se establece una dinámica de relaciones, entre el Padre, el pastor y nosotros, basadas en el mutuo conocimiento, la escucha y la aceptación: Yo soy el buen pastor, porque conozco a mis ovejas y ellas me conocen a mí, así como el Padre me conoce a mí y yo conozco al Padre. (v. 14)

ACTAUR

En el pastor que da la vida por las ovejas (v. 11), aflora una enseñanza: nos dice cómo actuar en medio de las adversidades y defender a los nuestros, contra los lobos que se arrojan sobre ellos y los dispersa. (v. 12)

Seguir al Pastor y asumir su condición, nos convierte en testigos, ya que por medio de nosotros y en nuestra forma de actuar, Dios será reconocido entre los hombres, o no reconocido:

Si el mundo no nos reconoce, es porque tampoco lo ha reconocido a él (v. 1).

Mario A. Hernández Durán, Teólogo