DOMINGO 5

DOMINGO VI DE PASCUA

¡Este es mi mandamiento!
  • Hch 10,25-26.34-35.44-48; Sal 97; 1Jn 4,7-10; Jn 15,9-17

En Jesucristo se configura nuestra vida como cristianos: fundamento, piedra angular, cabeza de este cuerpo que formamos todos, al que llamamos Iglesia, asamblea de los bautizados. Sin él, dice el Papa Francisco, seríamos Iglesia muerta.

Mirar a Jesús y considerarlo así, implica en nosotros una actitud fundamental: permanecer. Un permanecer cualificado por el amor y la fuerza del Espíritu, que mueven, transforman, renuevan y dignifican.

Permanecer amando y cumpliendo, como él (Jn 15,10), para que su alegría esté con nosotros y nuestra propia alegría sea plena (Jn 15,11), de tal modo, que esta alegría compartida sea el rostro de los hijos de Dios, resplandeciente de esa luz divina que nos inhabita que al mirarlo, los hombres crean.

Dios es amor y porque el amor viene de Dios, y porque nosotros somos sus hijos, hemos sido creados para amar y vivir amándonos unos a otros, con un amor tan profundo y radical capaz de cambiar las servidumbres en amista y la mediocridad en entrega total, hasta dar la vida por los amigos (cf. Jn 15,14-15)

Este amor de Dios que palpita en nosotros no hace distinción de personas: acepta, acoge, perdona y comparte el mismo Espíritu que nos unge con aquellos que lo temen y practican la justicia (cf. Hch 10,34-35). Por eso Pedro, convencido de ello, nos interpela: ¿Quién puede negar el agua del bautismo a los que han recibido el Espíritu Santo lo mismo que nosotros? (Hch 10,47).

Éste es mi mandamiento: que se amen los unos a los otros como yo los he amado (Jn 15,12)

Jesucristo configura nuestra vida y en él cobran sentido el amor, el servicio, la permanencia, el seguimiento, la predicación, la amistad y la entrega.

No son ustedes los que me han elegido, soy yo quien los ha elegido y los ha destinado para que vayan y den fruto y su fruto permanezca, de modo que el Padre les conceda cuanto le pidan en mi nombre. Esto es lo que les mando: que se amen los unos a los otros (Jn 15,16-17).

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.