DOMINGO II DE ADVIENTO
- Is 11,1-10; Rm 15,4-9; Mt 3,1-12

Lectura del santo evangelio según san Mateo
Mt 3, 1-12
En aquel tiempo, comenzó Juan el Bautista a predicar en el desierto de Judea, diciendo: “Arrepiéntanse, porque el Reino de los cielos está cerca”. Juan es aquel de quien el profeta Isaías hablaba, cuando dijo: Una voz clama en el desierto: Preparen el camino del Señor, enderecen sus senderos.
Juan usaba una túnica de pelo de camello, ceñida con un cinturón de cuero, y se alimentaba de saltamontes y de miel silvestre. Acudían a oírlo los habitantes de Jerusalén, de toda Judea y de toda la región cercana al Jordán; confesaban sus pecados y él los bautizaba en el río.
Al ver que muchos fariseos y saduceos iban a que los bautizara, les dijo: “Raza de víboras, ¿quién les ha dicho que podrán escapar al castigo que les aguarda? Hagan ver con obras su conversión y no se hagan ilusiones pensando que tienen por padre a Abraham, porque yo les aseguro que hasta de estas piedras puede Dios sacar hijos de Abraham. Ya el hacha está puesta a la raíz de los árboles, y todo árbol que no dé fruto, será cortado y arrojado al fuego.
Yo los bautizo con agua, en señal de que ustedes se han convertido; pero el que viene después de mí, es más fuerte que yo, y yo ni siquiera soy digno de quitarle las sandalias. Él los bautizará en el Espíritu Santo y su fuego. Él tiene el bieldo en su mano para separar el trigo de la paja. Guardará el trigo en su granero y quemará la paja en un fuego que no se extingue”.
Palabra del Señor.
¡Preparen los caminos!
El Adviento comenzó apelando nuestras conciencias dormidas y aletargadas: ¡Ya es hora que despierten del sueño…! (Rm 13,11). De ese sueño que nos aleja de la realidad y que, sumidos en él, nos desentiende de todo aquello que da sentido a la vida.
Pero ahora, que estamos despiertos, seremos invitados a ponernos en acción: Preparen el camino del Señor, enderecen sus senderos (Mt 3,3). Un camino que exige entereza, porque no se transita con ilusiones y falsas seguridades, sino, como advierte el bautista, haciendo ver con obras nuestra conversión (cf. Mt 3,8) y, como dice el apóstol Pablo, viviendo en perfecta armonía unos con otros ( Rm 15,5).
Lo que viene, representará un cambio radical en la vida y en la historia; una novedad sin precedentes, que exigirá de nosotros una mirada distinta, atenta y libre de todo prejuicio; porque habitará el lobo con el cordero, la pantera se echará con el cabrito, el novillo y el león pacerán juntos y un muchachito los apacentará. La vaca pastará con la osa y sus crías vivirán juntas. El león comerá paja con el buey. El niño jugará sobre el agujero de la víbora; la criatura meterá la mano en el escondrijo de la serpiente (Is 11,6-8).
Hay que estar preparados, abrir la mente y tener listo el corazón, pues el que viene nos bautizará con Espíritu Santo y fuego (Mt 3,11). Es decir, con el Espíritu que renueva todo y el fuego que, al arder, transforma.
Hay que estar atentos, porque todo árbol que no de fruto, será cortado y arrojado al fuego… (Mt 3,10).
Mario A. Hernández Durán, Teólogo.
