DOMINGO 31 DE MARZO

DOMINGO DE RESURRECCIÓN

Un día después del sábado…

VER

Un día después, cuando pareciera que todo ha terminado, comienza realmente lo definitivo, el camino que se ha de recorrer hacia adelante, motivados siempre por lo que se ha vivido. Cuando un niño nace, su proceso existencial se desata y se abre a la vida un día después…; el desposorio de una pareja comienza a tomar forma y a configurar su proyecto un día después… Y así, cada etapa de nuestra vida se irá integrando en el destino forjado por cada uno… un día después, cada día sucesivamente.

Al día siguiente comenzamos a recuperar el tiempo pasado, a repensar los acontecimientos, a reflexionar con detenimiento las experiencias vividas, a construir la vida basada en los cimientos que antes hemos echado.

El día después, representa la superación de la noche y marca el amanecer, el horizonte que se abre por delante, el despertar, la esperanza

ILUMINAR

El primer día después del sábado, estando todavía oscuro, fue María Magdalena al sepulcro y vio removida la piedra que lo cerraba(Jn 20,1).

El sepulcro es símbolo terrenal de la muerte, en él yacen los restos del hombre que ya no tiene vida; un sitio de presencias donde no hay nadie… sólo restos. Allí, se eternizan en un tiempo indefinido los recuerdos, el pasado, lo que fuimos… Pero ya no hay un día después, porque los muertos ya no regresan.

Detrás, o debajo de la loza que los sella, se encierra el misterio de la finitud, allí termina todo para un individuo, dejando que la vida fluya entre los vivos que quedan fuera, más allá de la sepultura.

María Magdalena caminó cargando su tristeza, atizando en su corazón una esperanza, a pesar de la oscuridad en el entorno y en su corazón. El amor animaba la luz de un vago recuerdo, confundido entre las sombras de la muerte: al tercer día

Si tenía preguntas, encontró respuestas: la piedra removidaUn sepulcro abierto, violentado por algo inexplicable, no podía aprisionar un cuerpo lleno de vida, transfigurado por ser fiel a la Voluntad del Padre.

Echó a correr de regreso, con un gran miedo, o con la confirmación fehaciente de sus recuerdos: Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo habrán puesto(Jn 20,2).

  • ¿Quién se lo llevó?: el amor del Padre, la justicia, la libertad, la fidelidad sin límites, la entrega incondicional, la verdad…
  • ¡No sabemos dónde lo han puesto!: no entendemos qué pasó, no alcanzamos a comprender que así debía ser, no queremos darnos cuenta de que la resurrección es posible…

Justo, un día después vendrá el tiempo oportuno para ir encontrando las respuestas a tantas preguntas, porque hasta entonces no habían entendido las Escrituras, según la cuales Jesús debía resucitar de entre los muertos(Jn 20,9).

ACTUAR

Tal vez hoy es el día después, no sólo para encontrar sepulcros abiertos, sino para remover las piedras del odio, la envidia, el desprecio, la indiferencia, o la injusticia que aprisiona con la muerte a tantos hombres y mujeres en el mundo.

Hermanos: ¿No saben ustedes que un poco de levadura hace fermentar toda la masa? Tiren la antigua levadura, para que sean ustedes una masa nueva, ya que son pan sin levadura, pues Cristo, nuestro cordero pascual, ha sido inmolado.

Celebremos, pues, la fiesta de la Pascua, no con la antigua levadura, que es de vicio y maldad, sino con el pan sin levadura, que es de sinceridad y verdad (1Cor 5,6-8).

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.