DOMINGO 30

DOMINGO I DE ADVIENTO

Ya es hora que despierten del sueño... (Rm 13,11)
  • Is 2,1-5; Rm 13,11-14; Mt 24,37-44

El texto de Mateo nos habla de las inevitables consecuencias que deberán soportar mujeres y hombres a la llegada del Hijo; esto quiere decir que sus vidas serán juzgadas a partir del modo cómo hayan practicado la justicia y vivido según los criterios del evangelio, de tal suerte, que algunos serán abandonados y otros elegidos para ser llevados, como dice Isaías, al monte del Señor, a la casa del Dios de Jacob, para que él nos instruya en sus caminos y podamos marchar por sus sendas (2,3).

La llegada del Señor nos puede sorprender si no estamos atentos. No es cosa del otro mundo, ni es ajena a nuestra historia, tiene que ver, como dice Pablo, con el momento en que vivimos (Rm 13,11). Por eso, tanto el evangelio como el mismo apóstol, nos advierten que estemos preparados hoy, porque a la hora que menos lo pensemos, vendrá a nuestras vidas el Hijo del hombre (Mt 24,44).

En este primer domingo de Adviento la invitación es a velar y estar preparados (Mt 24,42):

Ya es hora que despierten del sueño, porque ahora nuestra salvación está más cerca que cuando empezamos a creer. La noche está avanzando y se acerca el día. Desechemos, pues, las obras de las tinieblas y revistámonos con las armas de la luz (Rm 13,11-12).

¡Qué alegría sentí, cuando me dijeron: “Vayamos a la casa del Señor”! Y hoy estamos aquí, Jerusalén, jubilosos, delante de tus puertas (Sal 121)

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.