DOMINGO XXI DEL TIEMPO ORDINARIO

- Is 22,19-23; Sal 137; Rm 11,33-36; Mt 16,13-20
Si nos permitiéramos hacer un alto en nuestros procesos de fe, en nuestro caminar diario como creyentes, y nos preguntáramos, directa y francamente, quién es el Jesús en el que creemos, ¿cuál sería la respuesta?
Hay, por lo menos, dos canales para recoger los elementos necesarios que nos permitirían discernir y aclarar aquello que concebimos, creemos o esperamos del Señor: por un lado, lo que otros dicen, o nos han dicho; las imágenes que han dependido de la cultura, los cambios sociales y las perspectivas religiosas dominantes. Por otro lado, lo que realmente ha echado raíces en el corazón; las convicciones y las experiencias significativas.
Pero, ¿podemos distinguir el encuentro que marcó nuestra vida? ¿Podemos formular una profesión de fe, personal y comunitaria, que exprese con claridad y contundencia lo que creemos?
Las preguntas de Jesús a sus discípulos marcan un camino de purificación de la fe y del corazón, que pasa por las opiniones, las elucubraciones y las suposiciones, hasta llegar a una respuesta discernida, objetiva y libre de todo condicionamiento humano y que tenga su raíz en la revelación (cf. v. 17).
Una respuesta de fe que se abre al compromiso; una cosa lleva a la otra. Simón, ahora será Pedro (v. 18). La piedra fundamental donde se asentará la comunidad de los creyentes, la Iglesia de los bautizados, y su función mediadora determinará quiénes quedarán atados al proyecto de Dios y quienes no (v. 19); quienes gozarán de la libertad de los hijos de Dios y quienes se habrán negado, a sí mismos, esa oportunidad.
Sobre esa piedra está la construcción, la Iglesia que formamos todos, y esta condición comunitaria nos implica, de un modo u otro, en la misma misión: atar, desatar y ser el fundamento donde otros encunetran la seguridad de una comunidad de hermanos que los acoge y la certeza del testimonio, claro y profundo, que proclama que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios vivo (v. 16).
Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo? (v. 15)
Mario A. Hernández Durán, Teólogo.
