DOMINGO VII DEL TIEMPO ORDINARIO
- 1Sam 26,2.7-9.12-13.22-23; Sal 102; 1Cor 15,45-49; Lc 6,27-38.
En cada texto encontraremos una línea de acción que nos lleva a descubrir un paradigma innovador que aflora de la palabra revelada. No sólo el evangelio, con su novedad radical, sino también el Antiguo Testamento; ambos, en sintonía, trazan la ruta de un camino que se mueve en sentido contrario a normas morales, sociales e, incluso, militares, propias de una sociedad anquilosada que actúa con cautela y recelo ante las exigencias de un reinado -el de Dios- que empuja a la conversión y a los cambios profundos.
David, frente a Saúl, el ungido del Señor (cf. 1Sam 26,9), se enfrenta al reto de asestar el golpe de muerte y aniquilarlo, o, por el contrario, perdonarle la vida, con la ventaja de que, sin obstáculo alguno ni resistencia, está en sus manos (cf. 1Sam 26,8). Incauto, sumido en un sueño profundo (1Sam 26,12), Saúl no tenía manera de defenderse, pero David fue más allá del odio y la venganza, escuchó su corazón y recordó que él también había sido elegido por el mismo Dios, que es compasivo, misericordioso y generoso para perdonar (Sal 102). La vida de Saúl es sagrada, como la suya propia, y por eso, sobre el sustento de esa sacralidad compartida, decide: ¿Quién puede atentar contra el ungido del Señor y quedar sin pecado? (1Sam 26,9).
Pablo, por su parte, señala la diferencia esencial que define la vida de un creyente: asemejarse obstinadamente al hombre terreno que, si bien ha recibido la vida, la agota en su mundanidad y en su necedad; negado al Dios que lo ha creado, desvirtúa su condición de hijo hasta sumirse en la inevitable finitud que lo llevará a la muerte.
En cambio, nos advierte, que los hombres de fe saben y confían que su vida será semejante a la del hombre celestial, a Jesucristo, de quien proviene, por medio del Espíritu, la vida en abundancia (cf. 1Cor 15,45).
Como fue el hombre terreno, así son los hombres terrenos; como es el hombre celestial, así serán los celestiales (cf. 1Cor 15,48).
Pero ¿en qué consiste dicha semejanza? Mirando, como David, más allá de lo ordinario, de lo inmediato y predecible, descubriremos que el Señor nos invita a romper con los viejos paradigmas y atrevernos a cruzar los límites que nos enfrentarán a lo extraordinario; transitar por el camino que va en sentido contrario – ¿o quizá en el sentido correcto? -, hacia la plenitud, la felicidad y la libertad plena.
¿Qué es, en concreto, lo extraordinario que el Señor nos invita a descubrir? En los textos encontramos una propuesta retadora: contrarrestar la violencia con acciones no violentas, aunque parezcan absurdas e impracticables, tales como poner la otra mejilla, caminar de más, o entregar la túnica además del manto… (cf. Lc 6,27-20)
La “noviolencia” se traduce en términos de compasión, perdón y misericordia; cualidades de ese Dios que nos ama y que Jesús nos da a conocer así: Sean misericordiosos como su Padre es misericordioso (Lc 6,36).
Lo extraordinario en el evangelio es una táctica inadvertida y sorpresiva, que desarma y desinstala al “enemigo”, y lo reta mirar distinto. Sorpresa y violencia –dice Joan Morera– son incompatibles […] El discípulo de Jesús asume el riesgo y el sufrimiento, porque aunque aparente un fracaso, habrá sacudido las entrañas del agresor. Sólo hace falta más fe y creatividad para seguir inventando acciones nuevas, persistiendo hasta que su terca dignidad desarme este infierno de la violencia que nos atrapa […] Los tres contraejemplos del evangelio tienen un carácter inspirador, no normativo: arraigados en la fe y la creatividad, el noviolento encontrará nuevos gestos provocativos, válidos para expresar el mismo mensaje de dignidad. Con estos tres puntos en el “espacio” […], Jesús marca las coordenadas para trazar un plano infinito de acciones noviolentas que corten cualquier conflicto, que desarmen cualquier infierno: no “venciendo” al opresor, sino, a imitación del Padre, “recuperándolo”.[1]
No juzguen y no serán juzgados; no condenen y no serán condenados; perdonen y serán perdonados (Lc 6,37)
Mario A. Hernández Durán, Teólogo.
[1] Morera Perich, J. SJ. (2018). Desarmar los infiernos. Practicar la noviolencia de Jesús hoy. Cuadernos CJ 207. Cristianisme i Justícia. Barcelona. pp. 22.26.

