DOMINGO 20

DOMINGO XII DEL TIEMPO ORDINARIO

VER

Las adversidades de la vida son como tormentas que amenazan e invade nuestro espacio vitala y lo inundan, llenándolo de miedo, incertidumbre, dolor, angustia, desesperanza…

Podemos sobreponernos echando mano de nuestras propias fortalezas y viendo en ello una oportunidad para salir a flote y no fenecer. Dependerá de la solidez de los criterios y valores que rijan nuestra vida; o, por el contrario, naufragar, dándonos por vencidos y, así, perdernos en un mar encrespado, imposible de superar.

Perdemos la esperanza de llegar a la otra orilla…

ILUMINAR

Job 38,1.8-11; 2Cor 5,14-17; Mc 4,35-41

Fuertes vientos, olas que crecen y se levantan, abatiendo nuestra barca. En medio del caos, suplicamos al Señor… Pareciera que duerme, no hay respuesta, no hay calma.

Gritamos, alzamos la voz en un reclamo; es el último aliento de una fe que fenece, ahogada por la adversidad. Una fe pasiva, que sólo espera milagros sin haber tomado postura ante la vida: Maestro, ¿no te importa que nos hundamos? (v. 38).

En lo más profundo del corazón, resuena la voz del Señor, que nos interpela: ¿Por qué tienen miedo? ¿Aun no tienen fe? (v. 40).

Tener fe y vivir según el evangelio, nos haría capaces de leer los signos de los tiempos y actuar en consecuencia; reprender al viento y soportar sus embates, hasta alcanzar la paz que deseamos. El Señor está allí, en nuestra barca, pero seremos nosotros quienes, ahora, diremos: ¡cállate, enmudece! (v. 39).

ACTUAR

El amor de Cristo nos apremia (2Cor,5,14), dice Pablo; amor que transforma y rompe la arrogancia de las olas (Job 38,11)Nos apremia, porque un creyente no puede vivir inmóvil e indiferente, sino dispuesto a enfrentar lo que venga y mirar más allá del horizonte. Nosotros ya no juzgamos a nadie –ni a nada– con criterios humanos… (2Cor 5,16).

El que vive según Cristo es una creatura nueva; para él todo lo viejo ha pasado. Ya todo es nuevo (2Cor 5,17).

¿Por qué tener miedo? Si tenemos fe, hasta el viento y el mar nos obedecen

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.