LA EPIFANÍA DEL SEÑOR

VER
Hay en el corazón de los creyentes, y también de los no creyentes, una inquietud que se convierte en duda; una pregunta que no admite respuestas ordinarias, ni mucho menos la tentación de comprobarla con datos precisos, concretos y mesurables: ¿Dios se ha manifestado? ¿Cómo, cuándo y dónde?
En los acontecimientos donde la fe se nubla y la duda aflora, necesitamos tener la certeza de que Dios está de nuestra parte, que nos escucha, o que, al menos, su presencia marca la diferencia en el conflicto entre el bien y el mal, la verdad y la mentira, la bondad y el odio, la indiferencia y la misericordia…
¡Buscamos, esperamos, deseamos con desasosiego que Dios se manifieste! Y, así, mirando sin encontrar nada en los horizontes, nos hemos olvidado de mirar al corazón.
ILUMINAR
Is 60,1-6; Ef 3,2-3.5-6; Mt 2,1-12
Las palabras de ánimo que Isaías dirige a Jerusalén, son para nosotros palabras que despiertan la conciencia; en ellas alborea la respuesta a tantas inquietudes y a las profundas dudas de la fe:
Levántate y resplandece, Jerusalén, porque ha llegado tu luz y la gloria del Señor alborea sobre ti… Levanta los ojos y mira alrededor. (vv. 1 y 4)
Una invitación retadora, que convierte al creyente en protagonista, empujándolo a moverse y tomar la iniciativa; no basta con esperar que algo suceda, es imperante levantarse y mirar alrededor, descubrir por cuenta propia que el Señor se ha manifestado.
Además, asumir que tal Epifanía rompe los estereotipos de las divinidades inertes, de los dioses exclusivos y las promesas particulares, hechas a unos cuantos. No se manifiesta el Dios concebido por un pueblo; al contrario, en Él nace y se concibe una humanidad nueva, favorecida con la gracia de Dios y animada por el Espíritu (cf. Ef. 3,2.5):
Por el Evangelio -dice Pablo-, también los paganos son coherederos de la misma herencia, miembros del mismo cuerpo y partícipes de la misma promesa en Jesucristo. (Ef 3,6)
ACTAUR
¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? (Mt 2,2) ¿Dónde lo encontramos hoy? ¿Cómo se nos manifiesta?: En el corazón de las mujeres y los hombres de buena voluntad, en la sonrisa de los niños, en los gestos de amor y en la alegría de compartir el pan, luchar por la justicia y acoger con generosidad al hermano.
Se manifiesta en cada creyente que se convierte en luz para los demás y que brilla como estrella; en cada uno Dios se manifiesta:
Vimos surgir su estrella y hemos venido a adorarlo. (v. 2)
Mario A. Hernández Durán, Teólogo.
