DOMINGO 19

¡Hagan lo que él les diga! (Jn 2,5)

DOMINGO II DEL TIEMPO ORDINARIO

  • Is 62,1-15; 1Cor 12,4-11; Jn 2,1-11

Pablo es claro y contundente al recordarnos que en cada uno se manifiesta el Espíritu para el bien común (1Cor 12,7). Principio de vida que ningún creyente puede desdeñar, porque es el Espíritu que configura, no sólo lo que somos, sino lo que hacemos por los demás. En nosotros se manifiesta esa fuerza que transforma a la persona, la renueva y la guía por los caminos de la verdad y el compromiso.

Hermanos: Hay diferentes dones, pero el Espíritu es el Mismo. Hay diferentes servicios, pero el Señor es el mismo. Hay diferentes actividades, pero Dios, que hace todo en todos, es el mismo. (vv. 4-6)

Dones, servicios, actividades…, expresiones de una fe que se vive y se proyecta en la acción y manifestaciones de un Dios no quiere quedar reducido en una pura especulación de su voluntad. Hace todo en todos (v. 6), es decir, un Dios que se da a conocer haciendo y nos unge con su Espíritu para que seamos parte de ese mismo actuar en función del bien común.

La comunidad de Corinto -dice L. Alonso Schökel- era una comunidad de cristianos entusiastas, llenos del Espíritu, conscientes de su protagonismo y de la función mayor o menor que cada uno y cada una podría aportar dentro del grupo. Por eso, a pesar de todas sus debilidades humanas y abusos, […] sigue siendo un ejemplo para los creyentes de todos los tiempos. ¿Qué diría el Apóstol de muchas de nuestras comunidades cristianas hoy, cuyo verdadero problema es la pasividad y el desinterés de sus miembros? (La Biblia de Nuestro Pueblo, comentario a 1Cor 12,4-11).

En esta perspectiva podemos preguntarnos: ¿Actuamos movidos por el Espíritu? ¿Vivimos según el evangelio? ¿Ponemos en práctica las enseñanzas de Jesús? ¿Hacemos lo que él nos dice, o escuchamos otras voces, dependemos de otros parámetros, tenemos otros intereses?

La voz de María, materna y clara, surge con valentía y determinación; nos orienta y nos anima a no perder de vista la verdad: ¡Hagan lo que él les diga! (Jn 2,5)

Caná de Galilea es el comienza de algo distinto: la manifestación del Reino en lo cotidiano, donde Jesús actúa poniendo sus dones al servicio de la comunidad. El vino mejor (v. 10) simboliza la transformación de la realidad que permitirá al pueblo vivir una vida más plena y más digna.

Jesús, en cambio, -dice el Papa Francisco- hace que la fiesta termine con el mejor vino. Simbólicamente esto nos dice que Dios quiere lo mejor para nosotros, nos quiere felices. No se pone límites y no nos pide intereses. En el signo de Jesús no hay espacio para segundos fines, para pretensiones con respecto a los esposos. No, la alegría que Jesús deja en el corazón es alegría plena y desinteresada. ¡No es una alegría aguada! (Ángelus del 16 de enero de 2022).

Dones y carismas para el bien común, que nos capacitan para dar a la sociedad el vino mejor; sólo hay que hacer lo que él nos diga.

En las condiciones actuales de la sociedad mundial, donde hay tantas inequidades y cada vez son más las personas descartables, privadas de derechos humanos básicos, el principio del bien común se convierte inmediatamente, como lógica e ineludible consecuencia, en un llamado a la solidaridad y en una opción preferencial por los más pobres. Esta opción implica sacar las consecuencias del destino común de los bienes de la tierra, pero, como he intentado expresar en la Exhortación apostólica Evangelii gaudium, exige contemplar ante todo la inmensa dignidad del pobre a la luz de las más hondas convicciones creyentes. Basta mirar la realidad para entender que esta opción hoy es una exigencia ética fundamental para la realización efectiva del bien común. (Laudato sí 158)

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.