
VER
¿Cuáles son nuestras prioridades en la vida? No es fácil determinarlo cuando se abre ante nosotros una gama incalculable, e inagotable, de ofertas y oportunidades… Todas compiten en el mercado por convertirse en la mejor opción, la única que garantiza la satisfacción absoluta de aquello que buscamos y deseamos.
La mercadotecnia sabe jugar de nuestra parte, intuye nuestros anhelos y cuenta con los medios adecuados para satisfacer, al instante, cualquier necesidad. Además, logra que, sin importar la cantidad de cosas adquiridas, cada una de ellas posea el carácter de “primordial”.
Así, todo parece ser importante, y nada a la vez…; lo realmente prioritario se diluye en un mar de realidades inciertas. Y la pregunta, permanece sin respuesta: ¿Qué es lo más importante…?
ILUMINAR
Lc 10,38-42
Las múltiples tareas cotidianas y las exigencias del mundo, entre tantas cosas más, nos impiden distinguir lo mejor y lo más valiosos de la vida.
Como a Marta, muchas cosas nos preocupan e inquietan (v. 41), llenan nuestro tiempo, nuestros pensamientos y nuestro corazón. Como una inercia que arrastra, implacable, nos lleva por caminos de soledad, insatisfacción y vaciedad.
En medio de tanto ruido y de tanto movimiento, habrá que detenerse y sentarse a escuchar; sentarse a los pies del Señor y acoger sus palabras, es la mejor parte y nadie nos la quitarán (v. 42)
ACTUAR
La “filosofía” de Marta parece esta: primero el deber, después el placer. La hospitalidad, de hecho, no está hecha de bonitas palabras, sino que exige encender los fogones, ocuparse de todo lo necesario para que el huésped se sienta bien acogido. Esto, Jesús lo sabe muy bien. Y de hecho reconoce el esfuerzo de Marta. Pero, quiere hacerle entender que hay un orden de prioridad nuevo, diferente al que hasta ahora había seguido. María ha intuido que hay una “parte buena” a la que hay que dar el primer lugar. Todo lo demás viene después, como un arroyo de agua que brota de la fuente. Y así nos preguntamos: ¿Y qué es esta “parte buena”? Es la escucha de las palabras de Jesús. Dice el Evangelio. «María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su Palabra» (v. 39). Notemos que no escuchaba de pie, haciendo otras cosas, sino que estaba sentada a los pies de Jesús. Ha entendido que Él no es un huésped como los demás. A primera vista parece que ha venido a recibir, porque necesita comida y alojamiento, pero en realidad, el Maestro ha venido para donarse a sí mismo mediante su palabra. (Papa Francisco, Ángelus 17 de julio de 2022)
Mario A. Hernández Durán, Teólogo.
