DOMINGO 15

Hermanos míos: Alégrense siempre en el Señor; se lo repito: ¡alégrense!
(Flp 4,4)

DOMINGO III DE ADVIENTO

  • Sof 3,14-18; Sal: Is 12; Flp 4,4-7; Lc 3,10-18

El profeta Sofonías tiene la misión de levantar a un pueblo caído y deteriorado a causa de sus propios pecados (arrogancia, falta de confianza en Dios, deslealtad, fanfarronería, desprecio de la ley, mentira…) y decirles, de parte de Yahvé, que aún hay esperanza. Pero hay algo más en su labor profética: un resto fiel, humillado por la sociedad y el poder, necesita saber que Dios está a su lado, que los protege y que habrá para ellos días de gozo y libertad; así lo anuncia:

Canta, hija de Sión, da gritos de júbilo, Israel, gózate y regocíjate de todo corazón, Jerusalén. El Señor ha levantado su sentencia contra ti, ha expulsado a todos tus enemigos. El Señor será el rey de Israel en medio de ti y ya no temerás ningún mal (3,14-15).

Este panorama del siglo VII a. C., en el que se encontraba inmerso el pueblo hebreo, se asemeja a la realidad en la que viven hoy pueblos pobres y humillados; son los mismos pecados los que han llevado a la sociedad modernas a la debacle moral y la corrupción, provocando pobreza extrema, violencia, esclavitud y muerte. No obstante, siempre habrá mujeres y hombres dispuestos a tomar postura y anunciar como Sofonías: El Señor, tu Dios, tu poderoso salvador, está en medio de ti. Él se goza y se complace en ti; él te ama y se llenará de júbilo por tu causa, como en los días de fiesta (3,17-18).

Desde esta perspectiva, y en la misma línea del compromiso, se pronuncia el evangelista Lucas: Un llamado a la conversión y a la justicia en boca del bautista que mueve la consciencia de la gente, de publicanos y militares, hasta preguntar: ¿Qué debemos hacer? (3,10). La respuesta se perfila en una serie de propuestas radicales (dar limosna, hacer penitencia, ayunar, purificarse, observar puntualmente los mandatos, etc.) y que orientan toda acción hacia la justicia social: compartir el vestido y la comida (v. 11), cobrar lo justo (v. 13), no denunciar injustamente ni difamar, no extorsionar (v. 14).

La radicalidad de Lucas marca un rumbo distinto que, a partir de Jesús, tomará el bautismo:

Es cierto que yo bautizo con agua, pero ya viene otro más poderoso que yo, a quien no merezco desatarle las correas de sus sandalias. Él los bautizará con Espíritu Santo y con fuego (v. 16).

El tercer domingo de Adviento nos invita, sin más, a una conversión social, que consiste en hacer justicia a los pobres y desamparados. Nos invita, además, a recuperar y devolver la alegría, la sonrisa y la esperanza a las víctas de la injusticia y el desprecio. Estamos llamados a ser fuego que nace del Espíritu, llama de amor incansable:

Hermanos míos: Alégrense siempre en el Señor; se lo repito: ¡alégrense! Que la benevolencia de ustedes sea conocida por todos. El Señor está cerca… Y que la paz de Dios, que sobrepasa toda inteligencia, custodie sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús (Flp 4,4.7).

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.