DOMINGO 15

DOMINGO V DE PASCUA

Por este amor reconocerán todos que son mis discípulos (v. 35)

VER

Nos hemos habituando, poco a poco, a una dinámica de vida marcada por la normalización de los acontecimIEntos (todo es normal), las generalidades, las similitudes y a una “igualdad” que, más allá de generar equilibrio y armonía entre nosotros, se desfigura en una lucha por los derechos individuales (que no por las obligaciones), y una reivindicación de lo propio (ser, hacer, pensar, decidir, poseer…) como único, en contraposición a la alteridad que nos interpela y a una sana experiencia de la nostridad.

Se rompen así el entendimiento fraterno de las relaciones, el sentido de comunidad, de familia, de sociedad…; los otros son, simple y fríamente, enemigos a los que hay que evadir.

El ser humano se siente más seguro estando solo que en sociedad, está perdiendo las habilidades de convivencia, sólo se moverá y expresará, en cierta medida, con aquellos a quienes considere de su propia clase. El «no hables con extraños», como lo señala Bauman, se ha convertido de una frase de protección infantil, a una coraza de protección adulta. (Jazmín Hernández. M. La modernidad líquida).

ILUMINAR

Los horizontes que contempla la Buena Nueva son amplios y profundos, de alcances inimaginables, pero no por ello alcanzables, realizables, factibles para todo ser dispuesto a amar con ese amor que transforma y se entrega hasta el extremo.

El mundo necesita de mujeres y hombres convencidos de que el amor unifica, rompe barreras y ataduras, y hace del vivir cotidiano una experiencia de fraternidad, donde cada uno tiene un lugar dispuesto, nadie es excluido y a todos toca hacer algo por los demás y por el bien común.

Pero hay fuerzas que se contraponen a ese ideal, posturas antagónicas que van a contrapeso de una humanidad que pierde sentido, se debilita y cede ante un deterioro que parce inevitable.

El Papa Francisco, en Fratelli tutti, nos advierte que los conflictos locales y el desinterés por el bien común son instrumentalizados por la economía global para imponer un modelo cultural único. Esta cultura unifica al mundo pero divide a las personas y a las naciones, porque «la sociedad cada vez más globalizada nos hace más cercanos, pero no más hermanos» […] (n. 12) La mejor manera de dominar y de avanzar sin límites es sembrar la desesperanza y suscitar la desconfianza constante, aun disfrazada detrás de la defensa de algunos valores […] (n. 15) Cuidar el mundo que nos rodea y contiene es cuidarnos a nosotros mismos. Pero necesitamos constituirnos en un “nosotros” que habita la casa común […] (n. 17)

ACTUAR

Insertos en un mundo donde prevalecen las mismas ideas y las mismas actitudes; donde nadie cambia ni desea cambiar… Confundidos en medio de las multitudes, pasamos desapercibidos, irreconocibles.

¿Hay acaso alguna diferencia, algo que nos pueda distinguir? ¡Sí!: El amor

Que se amen los unos a los otros…, y por este amor reconocerán todos que son mis discípulos (v. 35)

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.