DOMINGO 13

Todos mis mandamientos están muy a tu alcance
(Dt 30,14)

DOMINGO XV DEL TIEMPO ORDINARIO

  • Dt 30,10-14; Sal 68; Col 1,15-10; Lc 10,25-37.

Dice el dicho popular que de la vista nace el amor… Ciertamente, el amor aflora de la interacción entre personas, de la atracción entre ellas, de la necesidad de sentirse acompañados, comprendidos, aceptados.

El amor verdadero se experimenta como un impulso incontenible y una fuerza que transforma, y que siempre nos lleva a más: entregar tiempo y vida por la persona amada, sin importar nada.

Y así como de mirar, de mirarnos unos a otros, nace el amor, y también la compasión, la misericordia, la ternura, la solidaridad, el respeto, la justicia… ¡Aunque también el desprecio y la indiferencia!

El simple gesto de detenernos, mirar con cuidado y curiosidad; voltear a ver la realidad, puede cambiar el rumbo de la historia y de miles de historias dejadas al olvido…

Un hombre que bajaba por el camino de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de unos ladrones, los cuales lo robaron, lo hirieron y lo dejaron medio muerto… Pero un samaritano que iba de viaje, al verlo, se compadeció de él, se le acercó, ungió sus heridas con aceite y vino y se las vendó; luego lo puso sobre su cabalgadura, lo llevó a un mesón y cuidó de él. (Lc 10,30.33-34)

La narración nos cuenta que fueron tres quienes pasaron frente al hombre malherido, pero sólo uno de ellos se compadeció; mantuvo la mirada atenta y fija en la escena, hasta dejar que todo lo sucedido interpelara su conciencia y tocara su corazón. En lo cotidiano, muchos somos los que pasamos frente a la realidad adversa de tanta gente, y la miramos. Pero, ¿cuántos nos compadecemos, nos acercamos y ofrecemos ayuda?

Estamos llamados a guardar los mandamientos del Señor y cumplir las disposiciones escritas en el libro de la ley (cf. Dt 30,10), pero no en la lejanía de los templos ni en la observación puntual de los ritos, de tal manera, que sólo tengamos prisa por llegar… (cf. Lc 10,31-32) No están en el cielo… ni del otro lado del mar (Dt 30,12.13).

Por el contrario, todos mis mandamientos están muy a tu alcance, en tu boca y en tu corazón, para que puedas cumplirlos (Dt 30,14)

El verdadero cumplimiento comienza por una conversión radical: con todo el corazón y con toda el alma (Dt 30,10); y si la pregunta fuese ¿cómo?, la respuesta nos llevará directamente a la puesta en práctica de un amor bidimensional que brota de uno mismo:

Amarás al Señor tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con todo tu ser, y a tu prójimo como a ti mismo. (Lc 10,27)

Maestro, ¿qué debo hacer para conseguir la vida eterna? (Lc 10,25): comenzar por no despreciar la vida presente y vivirla; mirar los signos de los tiempos, dejar que la realidad nos interpele y que la voz de los olvidados, que está muy a nuestro alcance, provoque en nosotros una conversión radical hasta ser capaces de compadecernos.

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.