DOMINGO 13

DOMINGO XXXIII DEL TIEMPO ORDINARIO

Todavía no es el fin(v. 9).

Mal 3,19-20; 2Tes 3,7-12; Lc 21,5-19.

El texto del evangelio de Lucas, en su lenguaje apocalíptico, nos ofrece algunas pistas para comprender la complejidad del discurso, y así, tomar postura ante la verdad y el mensaje de Jesús:

  • Primero, no es necesaria la majestuosidad de un templo para descubrir la presencia del Señor entre nosotros (cf. v. 6), basta con saber que en Jesús Dios se hace presente y habita entre nosotros (cf. Jn 1,14).
  • Segundo, descubrir la importancia del discernimiento que nos ayuda a distinguir los mensajes de pánico y confusión, provocados por quienes buscan usurpar el nombre del Señor (v. 8), del mensaje de esperanza que afirma contundente: Todavía no es el fin(v. 9).
  • Tercero, asumir que, a lo largo de la historia, seremos testigos de acontecimientos indescifrables que determinarán el rumbo y el destino de la humanidad, y saber, con toda claridad, que ninguno de ellos es fruto de la voluntad de Dios, sino una trágica consecuencia de la insensates, la irresponsabilidad y la dureza del corazón humano.
  • Cuarto, para conseguir la vida (v. 19), el camino más seguro es la opción por el Reino. Pero es necesario aceptar y asumir que cuando hacemos nuestra la causa del Señor (v. 17), nos enfrentaremos a una serie de conflictos y contrariedades (vv. 12-16).

Esto quiere decir que no se trata de vivir obsesionados con la muerte, como si fuera un castigo o una amenaza de parte de Dios, sino de vivir a plenitud y en pie de lucha, trabajando en paz (2Tes 3,) y temiendo al Señor, no a los hombres, para que sobre nosotros brille el sol de justicia, que nos traerá la salvación en sus rayos (Mal 3,20).

Temer al Señor (no a los hombres) significa serle fieles, confiar en él, esperar todo de él

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.