LA SANTÍSIMA TRINIDAD

Para lo cual es de notar que el Verbo Hijo de Dios, juntamente con el Padre y el Espíritu Santo, esencial y presencialmente está escondido en el íntimo ser del alma; por tanto el alma que le ha de hallar conviene salir de todas las cosas según la afección y voluntad, y entrarse en sumo recogimiento dentro de sí misma […] Está, pues, Dios en el alma escondido, y ahí le ha de buscar con amor el buen contemplativo, diciendo: ¿Adónde te escondiste? (S. Juan de la Cruz, Cántico 1,6)
Dios se queda escondido para quien no es capaz de mirar con amor, ni buscar con la pasión del enamorado. Sin amor, Dios se convierte en eterno desconocido, en imagen inerte, o vago recuerdo, de un misterio jamás comprendido.
Pero está allí, en el íntimo ser del alma, donde habita todo él, animándonos, con su amor de Padre, a salir al mundo con el arrojo del Hijo, sin importar que la vida se ponga en riesgo, sabiendo que el Espíritu nos llena con su fuerza y nos enciende con su fuego.
Ese Dios trino, dinámico, abierto y siempre en movimiento, supera todo estatismo infértil e improductivo: pone orden al caos, crea, da vida y salva a su pueblo. Su palabra, única y definitiva, es sustento de la verdad. Ese Dios, que habita en nosotros, nos seduce siempre para vivirlo como experiencia, sentirlo y apreciarlo en lo más profundo del corazón.
Marcar nuestra vida diaria en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, no es un mero ejercicio de piedad, es el ritmo de Dios y el itinerario del amor que configuran nuestro ser y el compromiso que asumimos al profesar nuestra fe en él.
Por ello -dice el Papa Francisco-, celebrar la Santísima Trinidad no es solo un ejercicio teológico, sino una revolución de nuestra manera de vivir. Dios, en quién cada Persona vive para la otra en continua relación, no para sí misma, nos estimula a vivir con los demás y para los demás. Abiertos. Hoy podemos preguntarnos si nuestra vida refleja el Dios en el que creemos: yo, que profeso la fe en Dios Padre e Hijo y Espíritu Santo, ¿creo verdaderamente que para vivir necesito a los demás, necesito entregarme a los demás, necesito servir a los demás? ¿Lo afirmo de palabra o lo afirmo con la vida? (Ángelus, 12 de junio de 2022).
Está, pues, Dios en el alma escondido, y ahí le ha de buscar con amor el buen contemplativo…
Mario A. Hernández Durán, Teólogo.
