DOMINGO 10

DOMINGO XXIII DEL TIEMPO ORDINARIO

Si te escucha, habrás salvado a tu hermano (v. 16)
  • Ez 33,7-9: Sal 94; Rm 13,8-10; Mt 18,15-20

Lectura del santo evangelio según san Mateo (18, 15-20)

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Si tu hermano comete un pecado, ve y amonéstalo a solas. Si te escucha, habrás salvado a tu hermano. Si no te hace caso, hazte acompañar de una o dos personas, para que todo lo que se diga conste por boca de dos o tres testigos. Pero si ni así te hace caso, díselo a la comunidad; y si ni a la comunidad le hace caso, apártate de él como de un pagano o de un publicano.

Yo les aseguro que todo lo que aten en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desaten en la tierra, quedará desatado en el cielo.

Yo les aseguro también, que si dos de ustedes se ponen de acuerdo para pedir algo, sea lo que fuere, mi Padre celestial se lo concederá; pues donde dos o tres se reúnen en mi nombre, ahí estoy yo en medio de ellos»
.

Palabra del Señor.

En las relaciones que construimos y que acontecen a lo largo de nuestra vida, tomamos decisiones determinantes con las que les damos la forma que deseamos, las orientamos hacia un fin o, en ocasiones, ponemos límites para cuidarlas, o terminarlas definitivamente.

Sabemos que toda relación duradera es un proceso por el que debemos transitar, ejerciendo un papel activo y dinámico, abiertos a las vicisitudes de la interacción; un proceso donde se da y se recibe con generosidad y se toman posturas con responsabilidad y madurez.

Así, aprendemos a ser agradecidos, generosos y libres; a perdonar y reconocer nuestros errores, nuestras omisiones y, también, nuestros aciertos; a sentirnos perdonados y reconocer al otro como referente y sustento de la propia vida. Nos hacemos, en definitiva, responsables unos de otros.

Las relaciones humanas, con todo su dinamismo, se convierten en clave de lectura para comprender el intrincado planteamiento del evangelio: Todo lo que aten en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desaten en la tierra quedará desatado en el cielo(v. 18).

¿Qué quiere decir?: Que la armonía, la paz y el bienestar de una pareja, una familia, o una comunidad dependen de los compromisos que asumimos y ejercemos responsablemente; del discernimiento que nos permite distinguir el bien del mal (cf. vv. 15-17) y de la oración, donde escuchamos la voz del Padre (cf. vv. 19-20), que nos capacita para decidir con firmeza, con claridad y con certidumbre, siempre pensando en el bien común.

El profeta Ezequiel nos recuerda, de parte de Yahvé, una máxima que nos cualifica también a nosotros como enviados: A ti, hijo de hombre, te he constituido centinela para la casa Israel. Cuando escuches una palabra de mi boca, tú se la comunicarás de mi parte (33,2).

Constituidos centinelas para comunicar, amonestar, perdonar, acoger, sancionar, corregir, atar y desatarPero el sustento de todo es el amor:

Hermanos: No tengan con nadie otra deuda que la del amor mutuo, porque el que ama al prójimo, ha cumplido ya toda la ley. En efecto, los mandamientos que ordenan: «No cometerás adulterio, no robarás, no matarás, no darás falso testimonio, no codiciarás» y todos los otros, se resumen en éste: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo«, pues quien ama a su prójimo no le causa daño a nadie. Así pues, cumplir perfectamente la ley consiste en amar. (Rm 13,8-10).

No endurezcamos el corazón y no seamos sordos a la voz del Señor (cf. Sal 94)

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.