DICIEMBRE 17 a 25
Desde el 17 de diciembre y hasta el día 25 recorremos un tramo especial dentro del Adviento; nueve días (una novena) antes de la celebración de la Navidad, que son como una metáfora de la preñez con sus nueve meses.
Es un tiempo que nos prepara, de manera inmediata, para celebrar con claridad y profundidad el misterio de la Encarnación: Dios que se hace hombre para vivir entre nosotros.
Es fácil decir que Dios se hace hombre, pero asumir y asimilar ese peculiar tejido entre lo humano y lo divino no es sencillo. Por eso, la liturgia nos lleva de la mano, paso a paso durante estos días, a través de un recorrido por escenas entrelazadas una a otra, hasta presentarnos un panorama completo que ilumina y da sentido a la Navidad.
De manera invariable, no importando el ciclo litúrgico (A, B o C), transitamos de la siguiente manera:
- Día 17: La genealogía de Jesús, que lo ubica en el contexto de lo humano y en la línea de la descendencia davídica, propia del Mesías. (Mt 1,1-17).
- Dia 18: Nos dice cómo es que Jesús fue concebido y cómo vino al mundo (Mt 1,18-24).
- Día 19: Se abre una serie de anunciaciones, tres en concreto, que dan cohesión a la venida del Mesías: a Zacarías, a María y a José. La primera es la Anunciación a Zacarías sobre el nacimiento de Juan, el bautista, personaje indispensable en el anuncio del Reino (Lc 1,5-25).
- Día 20: Nos presenta la segunda anunciación de esta serie y nos habla de la participación de María en el proyecto salvífico con el texto lucano de la anunciación (Lc 1,26-38).
- Día 21: IV Domingo de Adviento, repetimos el texto del evangelio de Mateo que escuchamos el martes 18 (1,18-24), resaltando la tercera anunciación, dirigida a José, con la finalidad de involucrarlo en la concepción y nacimiento de Jesús, haciéndolo parte del proyecto del Padre.
- Día 22: Con el canto del Magníficat, encontramos a María agradecida con el Señor y transformada, gozosa, por la presencia del Mesía en su seno materno, a quien ella acepta con libertad y decisión (Lc 1,46-56).
- Día 23: Aquí la liturgia nos presenta el nacimiento del bautista que, cronológicamente, acontece antes del nacimiento de Jesús (Lc 1,57-66).
- Día 24: Igual que María, ahora encontramos a Zacarías cantando, después del nacimiento de Juan, su hijo, lleno de gozo en el Señor; un canto que agradece, particularmente, la inminente visita del Mesía esperado (Lc 1,67-79).
- Dia 25: Finalmente, el gran acontecimiento: el nacimiento de Jesús en Belén (Lc 2,1-20).
Cada día, cada texto, nos adentran en la historia del Mesías anunciado y esperado por el pueblo; tejiendo, como decíamos, magistralmente, lo humano y lo divino en cada escena y en cada acontecimiento.
Lo humano plasmado en una genealogía, tan ordinaria que, como sabemos, está integrada por hombres y mujeres de toda índole, buenos y malos. En la concepción, tanto de Juan como de Jesús, en los vientres de Isabel y María; en la vejez de Zacarías e Isabel y su evidente esterilidad; en las dudas de María, de José y de Zacarías; en el contexto (lugares y tiempo), en las tradiciones referidas y en las costumbres.
Lo divino, por su parte, en la presencia de un mensajero de parte de Dios, en la sombra del Espíritu Santo que actúa sobre lo humano y lo transforma.
Pero, tal vez, las palabras que sintetizan de mejor manera este entramado humano-divino son del evangelio de Juan: La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros (Jn 1,14).
Mario A. Hernández Durán, Teólogo.
