Algo más sobre el Adviento

Comparto con ustedes esta referencia que me fue compartida y que, considero, aporta una visión concreta y clara no sólo de comprender, sino de leer y vivir el Adviento. Nunca está de más una palabra distinta que converge con nuestras convicciones y abona elementos nuevos y frescos a nuestra fe.

ADVIENTO viene del latín “adventus”, que en el mundo romano no significaba simplemente “llegar”, sino la visita oficial de una autoridad. Cuando el emperador hacía su adventus a una ciudad, no era un gesto simbólico: implicaba transformación del orden, revisión de lealtades, redistribución de favores y un antes y un después para la vida pública.

El cristianismo primitivo tomó esa palabra —y su equivalente griego, “parousía”— para hablar de Jesucristo. Una de las tantas formas en que los primeros cristianos «hackearon» el orden establecido. Y ahí está el gesto radical: confesar que el verdadero Señor no es el César, sino Cristo. Que su venida redefine la realidad, el tiempo y la historia.

Por eso el Adviento es una espera activa, cargada de esperanza crítica. Esperar a Cristo es vivir ya bajo su señorío, incluso —y especialmente— cuando el mundo parece regido por otros poderes.

Esperar, en clave cristiana, no es cruzarse de brazos. Es aprender a vivir como si el Rey ya estuviera entre nosotros.

Lucas Magnin

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