MIÉRCOLES DE CENIZA. Desde la Sinodalidad

REFLEXIÓN PARA TOCAR LA VIDA

“De la conversión personal a la sinodal” La conversión juega un papel esencial en la vida cristiana. Además de la conversión inicial, estamos llamados a seguir profundizando en ella, abiertos a una conversión permanente, cada vez más radical. Como dijo el Papa Francisco en Evangelii Gaudium: “Invito a cada cristiano, en cualquier lugar y situación en que se encuentre, a renovar ahora mismo su encuentro personal con Jesucristo” (EG 3). Esta conversión continúa, para volver una y otra vez al Señor Jesús.

Quizá, una buena práctica a lo largo de estas semanas de Cuaresma, sea escuchar y recibir todas las voces, propuestas e interpelaciones leyéndolas desde esta clave de conversión: ¿Qué pasos puedo dar, en el plano personal, para convertirme de un modo más auténtico? Y en el ámbito comunitario de mi parroquia, comunidad creyente, movimiento apostólico o grupo eclesial: ¿a qué conversión nos llama el Señor a través de los acontecimientos?

La conversión además de ser personal y comunitaria, también es pastoral pues debe abarcar nuestra acción concreta, así como las estructuras e instancias eclesiales. “La conversión pastoral requiere que las comunidades eclesiales sean comunidades de discípulos misioneros en torno a Jesucristo, Maestro y Pastor. De allí, nace la actitud de apertura, de diálogo y disponibilidad para promover la corresponsabilidad y participación efectiva de todos los fieles en la vida de las comunidades cristianas. Hoy, más que nunca, el testimonio de comunión eclesial y la santidad son una urgencia pastoral. La programación pastoral ha de inspirarse en el mandamiento nuevo del amor (cf. Jn 13, 35)” (DAp 368).

Finalmente, la conversión sinodal “es el modelo de Iglesia para el tercer milenio”, de acuerdo con lo dicho por el Papa Francisco en la conmemoración del 50° Aniversario de la institución del Sínodo de los Obispos. Es una forma de vivir y obrar, es una dimensión constitutiva de toda la Iglesia, ya que el objeto de la sinodalidad no es sólo mejorar la mera redistribución de la corresponsabilidad eclesial, sino generar un verdadero proceso que involucre a todo el pueblo de Dios. “La sinodalidad tiene el mérito de ejercer correctamente la participación de todos según la diversidad y la originalidad de los dones y los servicios. De modo aún más específico, la sinodalidad expresa el estado de cada uno; estado resultante de los sacramentos: bautismo-confirmación y orden” (Gilles Routhier).

EL DESAFÍO QUE ENFRENTAMOS TODOS PARA INCIDIR EN LA VIDA

La Cuaresma es tiempo para una conversión desde lo más hondo de nuestro corazón y así liberarnos de esos modos de mirar y escuchar. Des-aprender y re-aprender a mirar y a escuchar, disponiéndonos a la experiencia pascual de Cristo hoy.

La conversión nos exigirá sin duda introducir cambios concretos en nuestra manera de actuar. Pero la conversión no consiste solo en esos cambios. Ella misma es el cambio. Convertirse es cambiar el corazón, adoptar una postura nueva en la vida, tomar una dirección más sana. Colaborar en el proyecto de Dios.

Los desafíos que hemos recibido de la Asamblea Eclesial, reunida al recordar Aparecida, exigen de nosotros una mentalidad y actitud renovadas.

Compromiso.

La conversión implica salir de la rutina de la mente para ser capaces de ver de otra manera, con nuevos ojos que nos permitan captar la realidad del Reino para buscar nuevos caminos a los desafíos pastorales que tenemos en la Iglesia que peregrina en América Latina y El Caribe.

Enfrentar estos desafíos implica que revisemos nuestro proceso de conversión a nivel personal, comunitario, pastoral y sinodal con sinceridad, reconociendo que la conversión debe ser práctica, acompañada de obras concretas y no un mero discurso.

FUENTE: chrome-extension://efaidnbmnnnibpcajpcglclefindmkaj/https://celam.org/docs/miercoles_de_ceniza.pdf

Deja un comentario